El tono que usa me hace detenerme mientras me seco las manos y lo miro con recelo. Algo en que él me comprenda me pone nerviosa. Como si estuviera buscando los puntos de presión adecuados, los que me golpearán más fuerte. Donde todo lo que se necesita es un toque para hacerme tambalear. —¿Podrías… simplemente preguntar?— Yo sugiero. Sus ojos se estrechan ante eso, pero no tengo la sensación de que lo haya molestado. —Lo haré. Pero prefiero hacer mis observaciones iniciales de esta manera—. Abre la puerta y regresamos al comedor. La comida todavía está allí y mi estómago gruñe al verla. Normalmente me salto el desayuno. Despertarme con náuseas debido a mis pesadillas tiende a matar mi apetito. Además, rara vez hay algo para comer además de tostadas o cereales baratos y sin sabor. No hay

