Me encojo de hombros y abro las manos sin disculparme. —Si eso es lo que crees—. Eloise me mira entrecerrando los ojos. —¡No se trata de lo que creo !— Por la forma en que gira los hombros y se pasa las uñas por la piel, puedo decir que está tan agitada ahora que apenas puede soportar la ira que la arde. Conozco ese sentimiento. Hace que me duelan los músculos y me pica la piel por la necesidad de moverme, de golpear algo, cualquier cosa. —Tenía trece años—, continúa, casi escupiendo las palabras. —¿Cómo se suponía que iba a hacer otra cosa que simplemente morir con mis padres?— —Pero no moriste. Viviste, así que toma esa vida y corre con ella—. Golpeo mi puño en mi palma, buscando las palabras que la llevarán al límite. Tan pronto como se forman en mi mente, se los lanzo con un gruñid

