Eloise se mueve nerviosamente sobre el escritorio y tira de los bordes de su bata de satén. Antes de que pueda juntar los lados, le tomo las manos y las bajo hasta sus muslos. —Oh, no he terminado contigo—, le digo. —Recién estamos comenzando esta noche—. Deslizo mis manos por la parte interna de sus muslos y ella se tensa con anticipación. Luego paso lentamente un dedo por sus suaves pliegues, amando el destello de rosa intenso que revelo y la forma en que su cuerpo se contrae mientras lo hago. Su sedosa humedad cubre mi dedo mientras me acerco a su entrada y me detengo allí, provocándola con un lánguido círculo de mi dedo. Ella se queda completamente quieta bajo mi tacto, con el aliento atrapado en el pecho, esperando. Falto. Le daré la recompensa que le prometí y, con ella, la liber

