—Adrien…—Darío se acercó a él cuando los hermanos Jackson se marcharon.—¿Estás bien? —Creo que es obvio que hoy no podremos hablar. Por favor, déjame solo. —Por supuesto.—tomó su chaqueta y salió de la oficina de Adrien. Se acercó en silencio hasta su secretaria. —No me pases ninguna llamada.—le pidió. Cerró todo y se quedó oculto allí, arrastrando sus pies hasta su silla, dejó su cabeza sobre el escritorio y sus lágrimas se mezclaron con la fría madera.—Mamá, siempre fuiste tú. Sentía demasiada tristeza y un sentimiento muy contradictorio hacia su madre. Recordaba las veces que Alaric le pidió perdón y él lo rechazaba a pesar del interés que veía en él en arreglar las cosas. También sentía culpa por guardar ese rencor y se daba cuenta que era él quien debía de estar pidiendo perdó

