— ¿Como que macabros? — pregunta con la ceja en alto y expresión asombrada. — No sé, yo ya dije — me di vuelta y me retiré dejándolo solo. —Mariana — me llama por mi nombre, pero no le hago caso, llego hasta mi escritorio y tomo asiento, lo miro y tiene una cara seria así que le sonrio y al parecer eso le agradó porque lo veo ladear la cabeza con una sonrisa. —Mariana, no creo que hagas algo que ponga en riesgo nuestro acuerdo ¿verdad? — pregunta desde su lugar, aun sentado y con la mirada fija sobre mí, yo simplemente me encojo de hombros, él se levanta de su escritorio y llega hasta en mío, pone ambas manos sobre él y se inclina hacia mí, su mirada era penetrante, tan guapo, pero mas que eso tan familiar — ¿Qué piensas hacer? — pregunta —No lo sé, aun lo tengo que planificar bien —

