Los cálidos rayos de sol del amanecer se colaban por la pequeña ventana de la estancia cuando Aland volvió a entrar en la habitación. Se encontró el suelo con hojas de papiro desperdigadas y se tomó unos segundos en recogerlas y colocarlas sobre el arcón. Por la cantidad de hojas era obvio que a Seline le había dado tiempo de escribir un relato completo, le echó una ojeada rápida, tenía curiosidad por leerlo, pero prefirió dejarlo para otro momento cuando a ella le pareciera bien que lo hiciera. Se encaminó hacia la cama donde Seline todavía dormía, cuando había marchado de la habitación, la dejó con su túnica azul puesta, y aún dormía con ella bajo la manta. Se deshizo de su ropa y se tumbó desnudo bajo la manta, pegado a la espalda de ella, quien se despertó al sentir el contacto de su c

