Apenas recordarían lo que pasó después, pero lo cierto es que se levantaron y fueron a beber más, movidos por la inercia e ignorando la desconfianza que tenían hasta el momento, y algo más tarde caminaban juntos del brazo riendo como si estuvieran borrachos, entrando en otra sala cercana donde les esperaba el Padre Philip, más el alcalde y su mujer en compañía de Alistair y Gladys. —¿Está seguro de esto, señor Bentick? —recordarían después haber escuchado preguntar al Padre Philip. —Por supuesto, hágalo por favor, llevan pidiéndolo desde hace un rato, y... ¿no lo prefiere usted así? —Cierto, es lo más sensato, estando en esa casa juntos... además ellos mismos me hicieron el anuncio. —Entonces, proceda... El Padre Philip comenzó a parlotear con un montón de palabras a las que no

