Maya Con el estómago lleno, y apunto de caer redondos del sueño, nos dirigimos hacia donde habíamos quedado con el chico que conocimos hacia unas horas. — Estoy un poco nerviosa — manifiesta ajetreada Darcy, a la vez que se baja la falda negra que trae puesta, que de tanto andar se le sube. — Lo que yo no entiendo es por qué te has tenido que cambiar de ropa — se queja su hermano sin entender. Como se nota que no sabe nada de chicas. — Pues para impresionar, Brandon — responde esta obvia y le echa una mala mirada. Seguimos andando hasta llegar por fin al mismo sitio de antes, aunque esta vez no hay nadie. El gimnasio está cerrado, y no hay ni un alma por esa zona. — Se habrá olvidado — habla convencida mi amiga al ver todo tan vacío. Al cabo de unos segundos, podemos perci

