Capítulo 9

1627 Palabras
La comida con Maximiliano fue completamente incómoda, sus palabras seguían haciendo eco en mi cabeza. No sé por que pensaría que yo quería que me hiciera el amor pero que lo dijera de esa manera me hizo sentir mal de una manera muy extraña, no sé que esperar de este hombre extraño, este hombre que nunca pensé que despertaría. Un hombre que me mira con cierto interés pero que deja claro que su corazón está completamente cerrado para mí. Camino por la casa hasta que dan las siete de la noche, entonces Violeta llega a la casa con una enorme sonrisa. Se me acerca a tientas y yo sonrío imitándola. ─No está aquí ─informo al verla buscando por todos lados─, se encerró hace horas en su estudio. ─¿Tan rápido? ─sus ojos se abren sorprendida. ─¿Es normal que haga eso? ─Lo raro es que estuviera tanto tiempo fuera ─carcajea. Me tenso en cuanto la escucho, comió conmigo pero se metió a esa maldita habitación como si su vida dependiera de ello, como si estuviera huyendo de la vida misma. ─Bueno, he venido a otra cosa ─dice cambiando su rostro a uno más serio, seguro vio mi impresión sobre el comentario─. La doctora me llamó esta mañana, estarán los resultados mañana y si aún no se ha completado el proceso podrían intentar una manera más... ─¿Ya le dijiste que despertó? ─no puedo creer que esté insinuando que tenga relaciones con Maximiliano cuando no lleva ni cuarenta y ocho horas despierto. ─Sí, estábamos pensando que ustedes podrían hacer las cosas de la forma tradicional... ─Violeta, es muy pronto para eso. No te haré el amor. ─No creo que sea buena idea ─susurro atormentada por mi marido. ─Hija, ¿todo bien con mi hijo? ─Pues la verdad es que... ─Madre no deberías meterte en nuestros asuntos ─su voz me corta la respiración. Sé que está detrás de mí y no sé cuánto tiempo lleva escuchando, dios quiera que no haya oído a Violeta decirme que me acueste con él. Cierro los ojos nerviosa y no mejora cuando siento el sofá hundirse a mi lado anunciando la presencia de Maximiliano. ─Hijo, ¿estás tratando mal a tu esposa? ─pregunta Violeta con un tono acusador. ─No es de tu incumbencia pero sus necesidades están cubiertas. Eso me hace hervir la sangre, lo miro con enfado y entonces se corrige. ─Comemos juntos. Una sonrisa amenaza con salir pero me mantengo seria y miro a Violeta, sus ojos no nos dejan, entrecierra los ojos observándonos a uno y luego al otro como si quisiera ver más allá de lo que hay a simple vista. ─Bien, les daré unos días para que se conozcan... ─Madre... ─advierte Maximiliano. ─Hijo, una madre se preocupa por sus hijos aún cuando son mayores. ─Dijiste unos días, ¿que pasa? ─ya conozco a Violeta lo suficiente para saber que algo anda mal. ─Tema para otro día. Intenta sonreír pero fracasa estrepitosamente y al parecer ambos nos damos cuenta porque decimos al unísono: ─Solo dilo. ─Digamos que Maxi despertó en el mejor momento, dado que ya no había quién se quedara con los viñedos el abogado familiar aconsejó vender pero ahora que ya estás aquí tengo que resolver todo para que te encargues del negocio familiar. ─Yo me encargaré de todo ─dice Maximiliano serio, no le gustó escuchar a su madre preocupada y a decir verdad a mi tampoco. ─Yo podría hablar con mi padre, podría ayudarles si ustedes quieren ─sugiero. La empresa de mi padre ya no genera como antes pero sin duda la reputación lo precede, hace años que se dedica a distribuir y promocionar todo tipo de productos. El vino podría hacerles un gran favor, les di lo más que pude pero esta sería una opción más a largo plazo. ─Me encantaría ─dice Violeta con una sonrisa. ─Podría hacer una presentación para ustedes si lo desean, podrían enviarla a su abogado... ─Nunca hemos contratado una agencia de publicidad ─espeta Maximiliano. ─La empresa de mis padres no es de publicidad, se dedica a distribuir la mercancía ─explico con lentitud─. Yo fui la que estudiaba publicidad así que mi padre implementó la publicidad como un extra donde yo podía generar... ─¿Así que contratamos a tu padre cuando podríamos contratarte solo a ti? ─La distribución es lo importante ─digo con mala cara. ─Solo me interesa lo que tú hagas. Esa confesión me atonta un poco, me quedo mirando sus hermosos ojos verdes y no sé que decir. Al parecer Violeta lo nota porque de pronto se levanta y comienza a reír nerviosamente. ─Bueno, me retiro. ─Madre, hablaré con el abogado mañana mismo ─informa sin dejar de mirarme. ─De acuerdo, hablaremos por la noche. Ni siquiera soy consciente cuando Violeta se va hasta que el sonido de la puerta me hace saltar en mi lugar. Maximiliano tensa su mandíbula cuando nota mi reacción pero se mantiene en su puesto, quieto. Mira mis ojos por lo que me parece una eternidad logrando que un cúmulo de emociones se alojen en mi ser, no puedo moverme o hablar. Estoy segura que si me levanto ahora mismo mis piernas no responderían. Poco a poco sus ojos dejan los míos para bajar, es apenas un segundo pero puedo ver como traga grueso cuando se detiene en mis labios. Aparta la mirada y se levanta. ─Entonces, ¿qué hacías aquí durante el día? ─Por lo general estaba contigo ─susurro nerviosa. ─¿Conmigo? ─Sí, leía algunos libros en voz alta junto a tu cama... La sorpresa es obvia, ¿enserio creía que no estaba a su lado? ─Aún no entiendo esta situación. ─Yo menos. ─Tú te casaste conmigo, ¿estabas en pleno uso de tus facultades mentales? Su pregunta me hace soltar una carcajada. ─Sí, lo estaba. ─¿Por que lo hiciste entonces? No entiendo. ─No fue mi decisión. ─¿Qué? Cierro los ojos queriendo ignorar ese pequeño detalle pero ahora me trae problemas, suspiro y pienso en la mejor manera de decirlo pero no sé. ─Pues Violeta buscó a mi padre porque quería un heredero así que me casaron contigo... ─¿Te obligaron? ─esta muy molesto. ─¡No! ─me apresuro a decir levantándome─. Es decir, sí pero al final fue mi decisión. ─¿Por que decidirías casarte conmigo? ¿Eres retrasada mental? Vaya, ahora estoy loca. ─No estoy demente. ─Pues yo creo que sí. ─No lo estoy, no eras mala opción. ─El término loca no te puede definir bien, seguro eres esquizofrénica. ─Vete a la mierda. Salgo de la sala y subo las escaleras, no puedo creer las cosas que dice este hombre. Mi celular suena en cuanto estoy en mi habitación así que lo tomo la llamada aún con el corazón acelerado por la ira que incrementa a cada segundo. Primero soy sosa y ahora soy una loca y demente. Maldita sea. ─Diga ─espeto de malas, sin ver el nombre. ─¡Wow! ¿Tan mal te trata el matrimonio con un comatoso? ─la voz de Matthew me toma desprevenida. ─Matt ─susurro mirando la puerta, nerviosa─, ¿quién te lo dijo? ─Tu madre vino está mañana por los documentos de este mes. ─Hanson Electronic es de los clientes más importantes ─digo sentándome en mi lado de la cama─, es obvio que iría. ─Bueno, las cosas han sido difíciles para tus padre. ─¿Te dijeron? No puedo creerlo. ─Billie, somos amigos desde que tengo uso de razón. Tus padres comenzaron a comportarse diferente cuando heredé la empresa. ─Bueno, tiene sentido. ─Entonces te dijo... ─Sí, ¿cómo vas? ─Pues la verdad es que Maximiliano despertó. Un silencio se hace en la línea. Matt y yo hemos sido amigos toda la vida, cuando cumplí dieciséis me pidió que fuera su novia pero me negué por que jamás lo vi de otra manera. Ahora estoy casada y ni siquiera le dije, a nadie en realidad. ─¿Estás bien, pecas? El apodo que me puso cuando éramos niños causa estragos en mí pero respiro y hablo lo más relajada que puedo. ─Sí, es... ─pienso en una palabra pero no encuentro─... particular. ─¿Te trata como debe de ser? Salvo por el hecho de que no me hará el amor, sí. ─Supongo que me trata como mejor puede. ─¿Por que lo dices? ─Es difícil, un día despertó y yo era su esposa... La puerta rechina detrás de mí haciéndome dar un brinco, sus ojos me analizan con una expresión muy seria. Mierda, ¿que hago? ─Debería considerarse afortunado, eres una mujer hermosa. ─Te llamo luego, Matt. ─¿Qué pasa? ─espero un momento nerviosa pero él entiende rápidamente─. ¿Está ahí? ─Sí. ─¿Te acostaste con él? Su pregunta me toma por sorpresa, no puedo creerlo. ─No. Cuelgo la llamada antes de que pregunte algo más y miro al hombre frente a mí, me levanto caminando hasta mi esposo. ─No tocaste. ─Dijiste que era nuestra habitación ─dice con frialdad. ─Lo es. ─¿Quién era? ─Un amigo. ─¿Alguien especial? ─pregunta con un tono extraño, ¿está celoso? ─Sí, un amigo de la infancia. ─¿Qué te preguntó? ─Preguntaba como me tratas ─no creo que sea conveniente decirle lo último que dijo. ─¿Y bien? ─Le dije la verdad. ─Así que vas por ahí hablando de nuestros problemas maritales ─camina a un lado de mí, su frialdad ahora es ira pura. ─Le dije que me tratas como mejor puedo esperar. Gira a verme pero no dice nada, no me deja ver ninguna reacción, se mantiene serio con la vista fija en mí. ─Iré a dormir. ─Descansa, esposo. El apelativo llama su atención, puedo ver sus barreras derrumbarse por dos segundos antes de volver a su expresión indescifrable. ─Igual tú, esposa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR