Las semanas de descanso habían pasado y Marjorie regresaba al trabajo con una mezcla de sentimientos. Al llegar a su escritorio, se encontró con una explosión de flores que cubrían su espacio. Sus compañeros la observaban en silencio, como si esperaran alguna reacción. Marjorie bajó las flores al suelo, se ajustó los lentes y comenzó a organizar sus cosas. Sabía que esas flores eran de Henry, pero decidió ignorarlas. Días atrás, él había ido a su casa para hablar con ella, pero Marjorie no se molestó en abrir la puerta. Mientras encendía el ordenador, Clara se acercó a ella. —Marjorie, ¿podemos hablar un momento? —dijo Clara, con un tono que revelaba la tensión entre ellas. Marjorie asintió y siguió a Clara hasta su oficina. Notaba que su jefa había estado distante desde que Henry l

