Dorian Cavanaugh estaba listo para lo que sería la última cita que aceptaba. Se sentía un poco como Elio Harper, cuando salió en el periódico con el anuncio que su abuelo en busca de una novia para su nieto. Para suerte suya, su madre no era de hacer esas cosas. Y el único culpable era él, por decirle a su madre que Percy iba a tener una hija. No pensó que a la hora de buscarle citas a ciegas su madre fuera a poner tanto empeño, como mucho esperó asistir a dos, no a tantas. Había pasado otro día agitado en su oficina, pero ahora se dirigía a lo que sabía sería otra cita a ciegas organizada por su madre. Mientras hacia el garaje, repasaba mentalmente todas las citas anteriores, todas las mujeres que no lograron captar su interés. Dorian se acomodó en el asiento de cuero y tomó su t

