—Entonces supongo que moriré sin volver a jugarlo—. Estoy lleno de tristeza por él. —Eso es muy triste, Dax—. Él sonríe, pero puedo decir que no es una sonrisa completa. —Tengo algo más para ocupar mi tiempo—. Se refiere a mí. —Espera aquí—, le digo, y entro en la cabaña. Encuentro su violín y su arco y se los devuelvo. Coloco el violín en su regazo y el arco en su mano. —Juega por mi.— Su ceño se frunce. —¿Tocaste mi violín?— Hay una frialdad en su tono a la que no estoy acostumbrado. —Umm... sólo para decírtelo—. —Ya te dije que no iba a jugar aquí. ¿Por qué no me escuchaste? Mi estómago se hunde cuando me doy cuenta de que he hecho algo incorrecto. —Solo pense —— —Pensé que lo sabías mejor que yo. ¿Habrías hecho lo mismo con Cade? ¿Ir en contra de sus deseos de esa manera? —N

