Baja la cabeza entre las rodillas y luego se levanta el pelo y se lo quita de la cara. —Mataría por un café ahora mismo—. Yo suspiro. —Mismo. Un café con leche alto de vainilla con un trago extra de espresso—. Le sonrío. Aunque no puede ver, apuesto a que puede oírlo en mi voz. —Apuesto a que lo bebes n***o, sin azúcar—. Él sonríe. —¿Qué vas a? ¿Una especie de psíquico del café? —¿Lo entendí bien?— Es una tontería, pero no puedo evitar sentirme complacido. —Totalmente cierto.— Nate ahora también está despierto y se sienta. —¿Dónde está Cade?— No puedo obligarme a mirarlo. —Salió a orinar—. Me pregunto si hoy será el día en que seamos rescatados. —Necesitamos averiguar dónde está el suministro de agua para este lugar—, dice Nate. Levanta una botella de agua y la agita. Está casi vací

