Avril se encontraba leyendo un libro en voz alta en la habitación del paciente misterioso, le gustaba hacerlo, creía que en lo más profundo de su sueño él podía escucharla leerle Orgullo y Prejuicio, una de sus novelas favoritas. Había transcurrido una semana desde que éste había estado bajo sus atenciones; todos los días ella lo visitaba y le leía, en las horas que podía. Su lectura se ve interrumpida al escuchar algunas quejas quedadas del hombre, quien también empieza a moverse y a abrir lentamente sus ojos y con molestia por la iluminación de la habitación. La visión borrosa empieza a aclararse poco a poco y observa a una chica de piel canela y labios de muñeca acercarse cuidadosamente, posar su mano en su brazo y hablarle casi en un susurro. —¡Hola! Qué bueno que estás despertando.

