Capítulo 14

1420 Palabras

El estruendo de la explosión no solo sacudió los cimientos de la casa incrustada en la roca; sacudió el centro mismo del nuevo mundo de Aina. El cristal reforzado del ventanal vibró, reflejando el fulgor anaranjado de una lancha ardiendo en el pequeño muelle privado. Los mercenarios del Sindicato no habían venido a negociar; habían venido a cobrar la recompensa por la cabeza de Kian. —¡Muévete, Aina! —rugió Kian, su voz cortando el humo que empezaba a filtrarse por los conductos de ventilación. Aina sintió el peso de la Glock 17 en su mano. Estaba fría, pesada y letal. Sus dedos, que meses atrás apenas podían sostener una cuchara sin temblar, se cerraron alrededor de la empuñadura con una firmeza que nació de la pura necesidad de supervivencia. El dolor en su espalda era un latigazo cons

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