La serpiente en el paraíso

1542 Palabras

Al amanecer, Nikolai se levantó y desayunó con Serafín en un silencio que ya no era incómodo, sino una extraña paz. Después, se vistió con su ropa de combate, el cuero n***o y las armas. La imagen era tan brutal como su alma, pero ella ya no se estremecía. —Regresaré al atardecer —dijo, y su voz, dura como el acero, tenía un matiz que la hizo sonreír. —Quiero probar un postre. ¿Sabes preparar uno? —Soy buena en la cocina, mi señor —respondió ella, con una seguridad que la sorprendió a sí misma. —Lo sorprenderé. Nikolai, por un segundo, pareció considerar sus palabras. Acarició su cabeza, sus dedos enredados en sus rizos de fuego. —Entonces también prepara mi comida. Veremos qué tan buena eres. Con eso, se fue. Serafín sintió un escalofrío al verlo partir. Extrañamente, no siempre era d

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