La jaula de un solo depredador

1444 Palabras

Una tarde, Serafín estaba en la oficina de Nikolai, puliendo el escritorio de caoba y arreglando los documentos. Tres meses habían pasado desde que llegó, y su vida se había convertido en un ritual de silencio y obediencia. Sus únicas palabras eran "Sí, señor" o "No, señor". La admirable sumisión de la que el Pantera había hablado se había vuelto su escudo, su manera de sobrevivir. Incluso La Sombra, el guardaespaldas leal, la observaba con un respeto extraño, notando que ella mantenía hasta un bolígrafo en el lugar correcto, anticipándose a las necesidades de su jefe. Nadie sabía lo que pasaba dentro de esas paredes. La reputación de Nikolai era la de un depredador cruel que traía amantes a su habitación de hotel en la ciudad, pero ninguna de esas mujeres pisaba el rancho o, menos aún, s

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