Heaven
Mi vuelo desde Londres a Nueva York duró alrededor de siete horas y media, lo que me dio tiempo de leer un buen libro y pensar en varias ideas para la boda que iba a organizar durante los próximos meses. Las temáticas florales eran bastante comunes en las bodas por lo que ya tenía experiencia previa, pero sí me preocupaba que la voz de la novia fuera tan sutil y baja porque normalmente, cuando las novias son así se arrepienten antes de dar el sí y vaya que suena muy cliché, sin embargo, es esa la cruel realidad. Luego de salir del aeropuerto en un taxi que me llevaría hasta el lugar donde iba a hospedarme, llegué al famoso Hotel Clarck y quedé sorprendida con lo lujoso que lucía a simple vista: tenía más de cuarenta pisos seguramente, moderno, luminoso y qué decir de la agradable ciudad que era muy bulliciosa, turística, urbana, ruidosa y demasiado encantadora.
Reí en voz baja para entrar al hotel y observar cada uno de los detalles del interior, sonreí enormemente viendo que el reloj marcaba las tres menos cuarto antes de saludar a la recepcionista.
—Buenas tardes señorita, mi nombre es Heaven Duch y tengo una reservación —me presenté con una gran sonrisa en el rostro.
—¿Heaven Duch? —preguntó incrédula. Me fijé en sus linda piel morena y cabello ondulado que adornaba sus perfectos rasgos. Me alegra que me haya reconocido, debido a que esto no es muy común en mi vida.
—Sí, la misma. Soy Heaven —le extendí la mano y ella la tomó.
—Señorita Duch usted va a hospedarse en una de nuestras mejores suites —anunció causando eleve las cejas y tenga una reacción tardía.
—Parece que hay un error, yo había reservado una habitación simple más no una suite —espeté—Yo no he reservado una habitación como aquella.
—Sí, lo que sucede es que la dueña del hotel me ha pedido que le dé esa habitación por el mismo costo de la simple...—apenas mencionó eso, me sorprendí.
¿Por qué la dueña del hotel se está comportando como una fanática más? Ni que yo fuera una gran artista.
—Bueno, el precio de una suite y una habitación simple es muy diferente...Aún más en un hotel de renombre y en Nueva York, por lo mismo no hay manera de que acepte un regalo como ese. No, lo siento, no puedo aceptar la habitación —negué
—Por supuesto, pero la señora lo ha pedido...Usted, debe comprender que no hay nada que pueda hacer en ese caso.
—¿Tal vez podría hablar con ella personalmente? —afilé mi mirada, si algo no me gustaba era que las personas hagan algo que no he pedido. Me molestaba enormemente.
—Es posible, así puede esperarla en la habitación y yo me comunicaré con ella de inmediato si le parece ¿Está de acuerdo, señorita Duch? —Interrogó y asentí, encogiéndome de hombros.
—Si no me queda más, aceptaré encontrarme con ella en la habitación. Sin embargo, que sea lo más pronto que se pueda así puedo permanecer en la habitación que reservé en un principio.
—No sé cuánto pueda tardar la señora Clarck porque es la jefa de recepción y como entenderá está muy ocupada. No obstante, haré todo lo que esté en mis manos para apresurar el proceso.
—Créame que no la molestaría si no fuese ella quien ordenó que me dieran otra habitación directamente —susurré, un poco molesta— En todo caso prefiero esperar en la dichosa suite hasta que me den mi habitación correspondiente.
—Entonces, le ayudarán con su equipaje —asentí. Subí al ascensor acompañada del botones, yo suspiraba sin más y en el piso veinte, una mujer apareció con una enorme sonrisa de oreja a oreja y el señor se apresuró a saludarla
—Buenas tardes, señorita —la saludamos al unísono.
—Buenas tardes ¿Es su primera vez hospedándose en el hotel? — ella me preguntó. Su cabello era ondulado, largo, brilloso y castaño oscuro. Sus ojos prominentes y una sonrisa pequeña. Llevaba un hermoso abrigo terracota de pana y un vestido blanco debajo. Su aspecto era bastante delicado, elegante y prolijo. Una linda mujer.
—Evidentemente lo es, acabo de llegar de Londres. No es mi primera vez en la ciudad —respondí.
—Supongo que viene a darse unas vacaciones entonces. Todos necesitan alejarse de todo de vez en cuando —me guiñó el ojo. Qué simpática.
—Al contrario, es un viaje de trabajo —bajé la mirada por un segundo.
—¿A qué se dedica? —Me sonrió curiosa por obtener una respuesta.
—Soy Técnica Superior en Asesoría de imagen personal y corporativa.
Tragó saliva y abrió los ojos de par en par al oírme.
—Solo hay alguien que se dedica a ello hospedándose en este hotel dentro de estos días... ¿Heaven Duch? —reí bajo al darme cuenta la razón de su nerviosismo, probablemente conocía mi trabajo.
—Un placer —reí—La señorita Duch a su servicio.
—Permítame felicitarla por el maravilloso trabajo que realiza —se apresuró —Su elegancia es genuina, y la aprecio más de lo que imagina.
—Gracias por el cumplido, solo intento hacer mi trabajo adecuadamente y con el corazón... ¿Cuál es su nombre?
—Paige Clarck —elevé los párpados con sorpresa.
—¿Acaso es pariente de los dueños de este hotel? —Esta vez, fui yo la que tuvo curiosidad al respecto.
—Su hija menor en realidad, pero trabajo aquí como directora de alimentos y bebidas.
—En ese caso, ya que usted trabaja en el hotel, creo que puede ayudarme a solucionar un pequeño problema que tengo con mi habitación —me mordí el labio—Espero no molestarla con ello.
—Claro que sí ¿Qué puedo hacer para ayudarla? —Se ofreció a brindarme su ayuda.
—Yo había hecho una reservación de una habitación simple, sin embargo, me comentaron que la dueña del hotel ha dicho que me asignen una de las mejores suites por el mismo precio...No estoy de acuerdo con eso como se imaginará —en ese mismo momento, llegamos a nuestro piso y bajamos del ascensor—No puedo aceptarlo.
—Bueno, sé que mi madre hizo aquello porque desea darle las mejores atenciones y, además, le encantaría conversar con usted —me contestó—Así que, le haría muy feliz que acepte la habitación.
—Le agradezco por las atenciones, no obstante, no quiero una habitación tan lujosa. No soy una fan de los lujos al cien por ciento —suspiré—Algo simple y corriente, está bien por completo para mí.
—Por favor acepte la habitación, mi madre es una gran seguidora suya y no hay nada que le haría más ilusión —pidió.
Encorvé los labios y arrugué el entrecejo debido a que no sabía cómo negarme a tal petición así que no tuve otra opción que encogerme de hombros y aceptar.
—Está bien, aunque de verdad me siento muy apenada al recibir tales atenciones...—me sonrojé—No sé cómo debería pagarles por esto.
—No es nada para una dama como lo es usted. Disfrute del lugar y recuerde que el hotel cuenta con diferentes zonas para distraerse si lo desea.
—Qué va, igualmente muchas gracias. Me gustaría quedarme hablando con usted por un poco más de tiempo, sin embargo, me encuentro muy cansada por el viaje. Espero hablar con su madre el día de mañana.
—Entiendo, le diré a ella que venga a buscarla ¿Quiere qué le suban algo de comida, tal vez? Debe estar algo hambrienta —por primera vez, me fijé en lo alta que era.
—Lo agradecería mucho sin duda. Ha sido un gusto conocerla, la veré muy pronto seguramente.
—Por supuesto —sonrió— Qué disfrute de su estadía en el hotel, señorita Duch.
—Paige, llámeme Heaven por favor. Dejemos las formalidades de lado —hice un ademán con las manos— Sería un gusto encontrarme con usted luego si le parece.
—Encantada de la vida, Heaven. Un gusto haberla conocido.
Me despedí moviendo la mano de un lado a otro, le sonreí al botones por ayudarme con mi equipaje hasta la habitación y le pedí que me dejara sola. Me sorprendí al ver lo lujoso que era, pero como estaba muy cansada me limité a enviarle un mensaje a mi familia para avisarles que ya estaba en Nueva York.
—Buenas noches señorita Victoria —llamé a la novia para comunicarle sobre mi llegada— La llamo para avisarle que ya me encuentro en Nueva York y que pronto, daremos inicio a los preparativos para su boda.
—Buenas noches señorita Duch, qué gusto —rió— ¿Cuándo podremos encontrarnos por primera vez para hablar un poco más de la boda?
—Si le parece, podríamos vernos mañana mismo. Usted dígame el lugar y yo estaré ahí puntualmente.
—Me gustaría invitarla a cenar a las siete en uno de los mejores restaurantes de la ciudad —ofreció—Permítame agradecerle por haber aceptado organizar mi boda, para mí es todo un honor que usted lo haga.
—No es necesario que se tome esa enorme molestia, yo no tengo ningún problema con encontrarnos en cualquier lugar.
—Por favor, yo quiero invitarla para que podamos hablar sobre mi boda en un buen lugar. Es lo que se merece, incluso mucho más...
—Tan divina, muchas gracias. Entonces envíeme la dirección de aquel restaurante y la hora a la que debemos vernos —suspiré.
—Por supuesto, yo se lo envío más tarde. Muchas gracias por haber aceptado organizar mi boda, ha cumplido uno de mis más grandes deseos.
—Gracias a usted por haber confiado en mi trabajo, no voy a defraudarla. Lo prometo, Victoria —aseguré.
—Ya lo tengo bastante claro señorita Duch, hasta mañana —se despidió.
—Hasta mañana Victoria —colgué la llamada lo más pronto.
Me recosté en la cama y cerré los ojos, quedándome dormida al instante. El cansancio era tanto que desperté a las seis de la tarde y opté por tomar un baño y cambiarme de ropa para salir a dar una vuelta en el hotel. Sonreí con satisfacción al ver el atuendo que llevaba: un vestido shirtwaist color coral junto con tacones stiletto negros. Cuando estaba a punto de salir golpearon la puerta, por lo que me apresuré a abrir.
—Buenas noches señorita Heaven Duch, para mí es un enorme gusto conocerla —saludó una mujer adulta, probablemente tenía alrededor de unos cincuenta años, sin embargo, lucía muy bien. Llevaba puesto un vestido recto con mangas de campana en color beige y preciosos tacones. Su sonrisa era enorme, su cabello largo y ondulado, ojos grandes y tenía muy poco maquillaje.
—Buenas noches —respondí— ¿Con quién tengo el gusto?
—Soy Leigh Duch, la dueña del hotel —abrí los ojos con sorpresa al oírlo— He venido a hablar con usted por el asunto de la habitación.
—Oh, muchas gracias por venir a aclarar este asunto —me rasqué la oreja
— ¿Quiere que vayamos al restaurante o a otro lugar y hablemos? —Me ofreció.
—No tengo ningún problema en hablar aquí mismo si a usted no le molesta, no hay necesidad de movernos hasta el restaurante porque lo que menos quiero es molestarla más de la cuenta —murmuré.
—Quiero que no olvide que no me incómoda —me ojeó por completo en un par de segundos— En fin, yo he sido quién ha pedido que le asignen una suite en lugar de una habitación simple.
—Su hija, Paige, me explicó que usted lo hace hecho porque es una fanática de mi trabajo —proclamé—Es algo que agradezco infinitamente, por cierto.
—Bueno, eso es lo que pensaba decirle con exactitud...Al enterarme que vendría a hospedarse en nuestro hotel me emocioné sin duda. Todo el mundo habla de los bonitos arreglos suyos y de su profesionalidad.
—Le agradezco de todo corazón —tomé sus manos— Aunque no me sienta muy cómoda por pagar lo mismo por algo que evidentemente es mil veces de mejor calidad. No es justo, aunque las dos lo sabemos bien.
—Qué va, en realidad también me encantaría invitarla a cenar. Además, usted es una maravillosa dama respetable y si puedo hacer algo para que disfrute aún más de su estadía en mi hotel, le daré un lugar en el que esté cien por ciento cómoda.
—Gracias por pensar de esa forma sobre mi persona —sonreí inconscientemente.
—Ni siquiera me agradezca —soltó una risa— Entonces, como le decía con anterioridad, me fascinaría invitarla a una cena en nuestro hotel en compañía de mi familia.
—No quiero sonar grosera ni nada por el estilo, pero me gustaría saber la fecha de la cena porque he venido por trabajo y me encuentro bastante ocupada.
—El miércoles por la noche si no le resulta inconveniente —aclaró. De acuerdo, al menos tengo libre ese día.
—O es pura casualidad o el destino lo quiere así —bromeé— Justo el miércoles por la noche estaré libre para asistir a la cena con una sonrisa de agradecimiento.
— ¡Qué maravilla! Seguramente va a ser una velada encantadora a su lado —estuvo a punto de gritar de felicidad.
—Ha dicho que sólo es una cena con su familia ¿Verdad? —Volví a preguntar, quizás he estado más distraída de lo normal.
—Precisamente...Estará mi esposo, mi hija y mis dos hijos —esa fue su respuesta a una de mis mayores interrogantes.
—Vaya, su familia es un poco numerosa. En mi caso, solo cuento con mis padres y mi hermana pequeña.
— ¿Te parece? —asentí causando que soltara una pequeña risa— Honestamente, también lo pensaba cuando mis hijos eran pequeños...Sin embargo ahora que ya son unos adultos, no lo pienso más. Pues, como lo imaginarás, cada uno se hace cargo de su vida.
— ¿Qué edad tienen sus hijos? —de pronto, sentí un poco de curiosidad al respecto. Ay, Heaven, no has venido a Nueva York a comportarte como una chismosa.
—Paige es la menor con veinticinco mientras que Timotheé es el del medio con veintisiete y Alexandre con veintinueve. Tienen edades bastante similares.
—Tiene toda la razón —lo acepté— Son personas adultas ahora.
—Pero a pesar que ya sean adultos, no me han dado ni un solo nieto.
—Oh, no lo puedo creer —abrí la boca sorprendida —¿Y qué? Yo ni siquiera me he casado hasta ahora y soy una adulta.
—Tampoco yo, no obstante, aquello ya es decisión de ellos —parecía una buena madre, a pesar que las apariencias suelen resultar engañosas.
—La apoyo totalmente en ello, yo solamente tengo una hermana menor de veinticuatro años llamada Sky.
—Un precioso nombre, sin duda alguna.
—Gracias —sonreí.
—En fin, la esperaré el miércoles a las siete de la noche en el restaurante del hotel para compartir un momento grato.
—Por supuesto, no lo dude. Estaré allí.
—Además, tengo una propuesta un poco interesante para ti...—la conversación estaba a punto de culminar.
— ¿Una propuesta? ¿De qué trata?
—Prefiero hablarte sobre la propuesta el día de mañana durante la cena.
— ¿Al menos me dejaría saber qué tipo de propuesta es? —Cuestioné, algo nerviosa al no saber qué esperar.
—Es una oferta de trabajo, señorita Duch.
—En tal caso usted tiene la razón indudablemente, es algo que es mejor hablar con tranquilidad —desvié mi mirada.
—Sí...Ya no la molestaré más para que pueda descansar de su viaje.
—No se preocupe, ya he descansado un poco por lo menos.
—De igual manera tengo que irme ahora mismo porque necesito revisar algo antes de irme a casa.
—Le deseo una buena noche —sonreí, como muestra de mi amabilidad— Y gracias por la invitación.
—No lo agradezca...Qué descanses, linda Heaven.
—Lo mismo para usted, hasta luego —me despedí y entré a la habitación nuevamente.
Sonreí al darme cuenta que mañana conocería a la novia y era muy probable que al novio también y para mí, era un momento muy emotivo. Tomé mi celular y sin más salí de la habitación. En el camino, me encontré con un hombre atractivo y decidí preguntarle algo:
—Buenas noches, disculpe la molestia ¿Sabe en dónde puedo tomar un poco de aire libre en el hotel? Ojalá pueda ayudarme con eso.
—Puede hacerlo en la terraza que está tres pisos más arriba —en tono alto, y siguió caminando. Está bien, me dirigiré a la terraza y veré las estrellas y la luna.
Me gusta la poesía, y soy una fanática del sistema solar, los astros y demás.
Al estar allá, vi la espalda de un hombre y cuando éste se dio la vuelta me di cuenta que parecía ser el hombre perfecto para mí físicamente. Sus ojos tan azules como el mar, su cabello castaño y perfectamente peinado, alto y de cuerpo bien trabajado, sin llegar a ser exagerado, pero sí se notaba que tenía abdominales.
Un poco asombrada por su notorio atractivo, me acerqué a paso lento y le dije:
—Buenas noches —en ese momento sus ojos y los míos se encontraron por primera vez, y un gran escalofrío me recorrió el cuerpo entero. Acabo de tener un aliento de amor.