MAGDA Me acerque a la tarima donde momentos antes estaba Hiroshi. Cerré mis ojos y me concentré en mi primera clases con papá, yo lloraba por qué quería seguir jugando con muñecas y mi padre las guardo en una caja, dijo que no estaba en edad de jugar sino de aprender, en ese entonces entendía bien poco. Me concentré en sus palabras. —Magdalena ahora no lo entiendes, pero tu destino es grande, necesito que seas capaz de cuidarte tu sola. ¡AHORA CONCENTRATE! —escucho su grito al final. Y como si estuviera justo a mi lado, al lado de esa niña pequeña de ocho años dándole instrucciones y malas miradas cuando me equivocaba, tomé posición, tomé una respiración profunda calmando mis sentidos, mirando mi entorno sin abrir mis ojos, escuchando los murmullos de los ancianos, el tintinar de las c

