Dos horas han transcurrido desde que Scarlette decidió quedarse sentada aquí donde permanece. Con la mente en blanco, en lugar de ir directo al restaurante donde acordó encontrarse con Cinthya, su amiga. Apetito no tiene, en lugar de ello los pensamientos le carcomen la cabeza y el corazón.
Acepta que es cierto que no le queda mucho tiempo de vida, y busca convencerse de que no hizo mal alguno al haber hecho lo que hizo, se repite una y otra vez que ella no lo buscó, sino que la vida misma la puso en esta situación. Nada hay que lamentar, nada hay qué reprocharle a algo que ambos hicieron totalmente en libertad, pudiendo medir las consecuencias de sus actos.
Pese a estar ebria, Scarlette mirando en la distancia el ir y venir de las olas del mar romper sobre las rocas sobre las que se encuentra sentada y bien alejadas del hotel, admite que cuando ella y Maxwell decidieron terminar en su cama, tenía la conciencia suficiente para dar ese paso. No fue un paso en falso, irresponsable sí, al traicionar a Juliet, pero no hay confusión alguna en la que pueda justificarse si el día de mañana, alguien develara este secreto, la mas grande de las verdades que jamás en su vida ha guardado.
Porque para Scarlette, hasta la noche de ayer, antes de toparse con el cuerpo de Maxwell nada había que esconder, estima que su vida ha sido tan normal, que no le encuentra emoción a todo lo que ha sucedido los días anteriores. Solamente el diagnostico del tumor y ahora este breve pero intenso encuentro con Maxwell, se presentan como el mayor de sus secretos. Dos verdades que ella decide ocultar por temor.
De pronto comienza a llorar, no de tristeza sino de la emoción de saber que la vida en cierto modo ha sido generosa con ella. No le concedió la oportunidad de ocupar el lugar de Juliet, pero si vivir, aunque sea en unas pocas horas la intensidad de una real entrega. No desde el amo expresado con palabras banales, lo que para ella a estas alturas de su vida, carece de sentido. Scarlette siempre ha pensado que cualquiera puede decir un te amo y no sentirlo, por eso se mantiene sola, es incrédula, duda de todo. En lo único que ha aprendido a creer es en las acciones, en los hechos, y la experiencia vivida con Maxwell confirma su forma de pensar.
«No es necesario estar vociferando a los cuatro vientos un amor que no se corresponde con el verdadero sentimiento» Se dice mentalmente mientras enjuga sus lágrimas y se sacude la nariz con una servilleta que por fortuna encontró en su bolso.
El pesar de lo limitado que ve le queda de tiempo de vida, la hace valorar más y más las pequeñas señales que la vida le muestra. Maxwell es la que más valora ahora y como el mayor de los tesoros se promete guardar para sí misma…
—¡Con qué aquí es donde te escondes! —La voz chillona de Cinthya la sobresalta.
Scarlette gira la mirada para verla, pues estaba tan sumergida en sus pensamientos que no al escuchó llegar, de hecho, se abstrajo de tal manera que el mundo a su alrededor dejó de importarle.
—Estoy hablando contigo —Le reprocha Cinthya sintiéndose preocupada al ver que tiene los parpados, las mejillas y la nariz enrojecida—. ¿Por qué lloras? ¿En qué habíamos quedado Scarlette? ¿No fuiste tú la que me prohibió llorar y ver esto como una prueba, una bendición? ¿En dónde quedó eso de que por lo menos tu si sabes cuándo morirás y el resto de los mortales no somos privilegiados de tener ese dato? —Continúa lanzando el sin fin de interrogantes que forman parte de su verborrea imparable.
Al ver que Scarlette no le contesta, es acuclilla y la abraza.
Scarlette pese a la promesa que se hizo de guardar para sí misma su mayor secreto, aceptó que por lo menos con Cinthya debe desahogarse, y si alguien ha de cuestionarle por haber hecho lo que con gusto se atrevió a no dejar pasar, que sea ella, su amiga, su hermana, la única que ha estado en todos sus momentos, buenos y malos.
—Dormí con Maxwell —Avienta aun siendo abrazada por Cinthya quien de golpe ante la sorpresa la aparta de sí bruscamente.
—¿Cooon quién? —Le pregunta Cinthya acentuando su sorpresa en la primera palabra. Ello no porque sepa quién es Maxwell sino por la noticia de que su amiga, la que si bien no es tan recatada, se cuida de no dejarse llevar, le de esta noticia—. ¡Dios! Esa noticia te descontroló, ¿Quién carrizo es Maxwell? Y ¿Cómo es eso de que dormiste con ese ser que yo no conozco? ¿Te hizo algo? ¿Dónde lo encuentro para darle su merecido?
Como si fuese un chiste, después de dejar fluir toda la retahíla de interrogantes que exageradamente suele sacar a la luz cuando algo no está en su control, Cinthya al final se mira y con la mirada se descalifica.
—Bueno, creo que tendré que buscar ayuda, dime ¿Es más alto que tú? —Le inquiere mirándose nuevamente y luego a Scarlette.
Cinthya es una chica rubia pero menudita, de un metro cincuenta seis de estatura, en contra del metro setenta de estatura de Scarlette. Así como es de menudita no le hizo mella su apariencia, es bonita, llama la atención, y sobre todo por su personalidad un tanto alocada, lo que ayudó mucho a Scarlette cuando le tocó asentarse en Carolina del Sur, una ciudad desconocida para ella que para ese entonces aun rayaba en la minoría de edad y que vivió por años en Florida con sus padres y su hermana. Le hubiera tocado una vida dura, de tropiezos de no ser por Cinthya que la acogió como si de una hermana distante se tratara.
—Sííí, amiga, temo que sí tendrás que buscar ayuda —Le contesta Scarlette inevitablemente sonriéndose por la reacción tan fuera de lugar de Cinthya—. Creo que mide un metro ochenta o por ahí van los tiros —Agrega Scarlette frunciendo el ceño para darle más dramatismo a la situación.
—¿En serio? —Le pregunta Cinthya dejando ver su asombro, apartándose por completo de la razón que le hizo reclamarle a Scarlette la razón de su llanto.
—Así es, amiga —Afirma la pelinegra acompañando las palabras con un movimiento de cabeza.
Característico en ella, de repente Cinthya cae en cuenta que terminaron desviándose de la conversación inicial, y molesta por este hecho con un movimiento de las manos le advierte a Scarlette que ahora viene el reproche.
—A ver, a ver, ¿Qué te pasa? No te desvíes —Aduce con descaro cuando fue ella la que terminó por dar el un giro a la conversación, Scarlette la mira con los ojos entrecerrados y se sonríe, ya la conoce, esto es normal en su amiga—. Respóndeme, ¿Quién es ese Maxwell? Y ¿Cómo es eso de que dormiste con él? ¿Estás segura que dormiste?
—Ay amiga, no tienes remedio, ¿Qué voy a hacer sin ti en la otra vida? —Le pregunta Scarlette sin poder contener la sonrisa—. ¿No quieres venirte conmigo? —Le inquiere en broma.
—¿Qué te pasa? —Expresa espantada—. Aun no me adelantan el reloj. Responde, no te desvíes.
Scarlette sabiendo que se adentrara en temas profundos, suspira, mira a su alrededor, se limpia el rostro para despejar las pocas lágrimas que quedan en su rostro, vuelve a colocarse los lentes de sol y gira otra vez el rostro hacia Cinthya que ansiosa espera por una respuesta de su parte, y como muestra de su impaciencia arquea una ceja y frunce los labios instándola a hablar.
—Maxwell es el esposo de mi hermana —Le contesta Scarlette.
—Aaah, hubieras comenzado por ahí —Le responde Cinthya sin entender lo que Scarlette intenta comunicarle—. Un familiar que tenías años sin ver. ¡Qué emoción! Eso es bueno para ti, sobre todo ahora en este duro proceso —Continúa hablando sin darle tiempo a Scarlette terminar de aclararle la situación.
—Cin —Llama su atención para que guarde silencio, y solo cuando comprobó que Cinthya le estaba prestando real atención continuó—. Dormí, hice el amor, tuve sexo con el esposo de mi hermana, me entregue al hombre que jamás en vida imaginé podría tener, fue solo mío media noche, y lo peor de todo es que creí tener remordimientos y no siento nada de eso.
Emocionada por dejar salir lo que realmente siente, Scarlette dejó fluir las palabras aquí en frente de su amiga y confidente. Cinthya que tiene poca capacidad para sorprenderse y mantenerse callada, quedó con la boca abierta como a la espera de que las palabras llegaran a ella para dejarlas fluir. Tal es su impresión ante la confesión de Scarlette que no supo que responder de inmediato.
—¡Dime algo! —Le exige a la rubia boquiabierta—. Insúltame, di algo por favor.
Tal es el estado de asombro de una y la abstracción de la otra que no sintieron los pasos acercarse a ambas.
—Eso es lo que quiero que hagas tú, Scarlette —Una voz masculina y gruesa las paralizó por segundos y luego las obligó a voltear.
Scarlette no supo qué decir, las palabras terminaron de morir en su garganta y solo a los pocos segundos tuvo conciencia.
—¡Maxwell! —Exclama atónita—. ¿Qué haces aquí? —Cuestiona.
—Me esta fastidiando esta interrogante —Le responde el hombre de ojos verdes dominantes—. Tenemos una cuenta pendiente —Le dice este al tiempo que la toma por la muñeca y la obliga a bajar con cuidado las rocas.
Scarlette al no poderse oponer sin caer y accidentarse en algunas de las piedras rocosas y filosas, no le quedó más opción que aceptar ser arrastrada, por lo menos, hasta la orilla del mar.
—Pe…, pero, ¿Para dónde cree que se lleva a mi amiga? —Reclama Cinthya sorprendida.
—Le advierto que no le conviene meterse en esto señorita —La amenaza el hombre mientras Scarlette sorprendida no responde, sino que lo observa sin poderse creer que él haya ido a buscarla—. En unas horas o quizás unos días sabrá de ella —Agrega y al verla abrir los ojos y mirar a Scarlette con temor aduce—. No le pasará nada, malo, por supuesto. No tiene que llamar a la policía ni al ejército, ella regresará a usted sana y salva, pero ambos debemos aclarar algo —Le dice y luego con la mano de Scarlette bajo su agarré la obliga a seguirlo casi en carrera.