Al día siguiente, estando en su despacho preparando algunos documentos que debe dejar firmados antes de tomar el vuelo que tiene planificado desde el día anterior, Dowell, recibe una llamada del despacho de Londres. —Harrys, Hola —Saluda al teléfono con la mirada fija en el papel que tiene en su mano izquierda—. ¿Sucedió algo? —Dowell, espero no interrumpir algo importante —Se excusa el hombre al otro lado en la línea. —Sabes que todo mi tiempo es importante, siempre ando metido en algo —Le recuerda Dowell. —Cierto —Reconoce el hombre—. Lamento distraerte. Sucedió algo, el juez que va a tomar el caso de la petrolera, pidió hablar personalmente contigo. No le dije que estabas fuera del país. Preferí consultar primero antes de darle una respuesta. Dowell suspira, ya que sin conocer el

