Capítulo 112. Un complot

1230 Palabras

—Te amo, Adelaide —dice Egil en el momento que se corre violentamente dentro de su esposa. Sus jadeos llenan la habitación. Oír su confesión lleva a la joven a la misma cúspide. Se convulsiona y jadea sin poder controlarse cuando su propio orgasmo la arrasa antes de caer rendida a su pecho. Cuando por fin sus respiraciones se normalizan, Egil se apodera nuevamente de su boca y la besa. Sus lenguas juegan juntas una lucha feroz y sin tregua. Él no necesita más aliciente que ese para ponerse duro nuevamente. Adelaide despierta con el cuerpo totalmente adolorido y gomoso. Un brazo grande la tiene atrapada de la cintura y una pierna acorrala las suyas. Ni siquiera puede moverse. Por los ronquidos que oye de cerca, sabe que Egil está profundamente dormido y lo que menos desea ahora es que des

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