Mis extremidades tiemblan ligeramente, mientras siento la extraña sensación de estar flotando. Es entonces cuando las alarmas se encienden en mi cabeza y exigen que me aparte de Evan, pero hago caso omiso a ello. El sabor mentolado de la boca de Evan se mezcla con el mío al sentir su lengua abrirse paso en mi boca sin pedir permiso, para buscar mi lengua con desesperación. El acto me sorprende y, hace que una sensación extraña se instale en la boca de mi estómago. Mis manos temblorosas —por las tantas emociones que se abren paso en mi sistema— se aferran al material de la camisa de Evan con fuerza. Pero en este punto, no sé si es por aminorar el nerviosismo de mis manos, o porque en realidad no quiero soltarlo. Quizá sean ambas. Un sonido parecido a un quejido ronco sale de la gargan

