No me quedan más lágrimas que derramar. Ya no tengo más dolor que sacar. Y la opresión en mi pecho y el nudo en mi garganta se han ido. Ahora solo me envuelve una reconfortante tranquilidad. Una agradable paz que no quiero que se acabe. No sé cuánto tiempo llevo dentro de la bañera, pero es posible que haya pasado quizás un par de horas. De todas formas, estoy tan tranquila que eso no me importa demasiado en estos momentos. Esta era una paz que no había sentido en mucho tiempo, y que ahora que la tengo, pienso disfrutarla aunque esta tenga un final. Así como todo. Cuando mi cuerpo comienza a sentirse entumecido por estar en una sola posición mucho tiempo, es cuando decido que es hora de salir de la bañera. Claro, no sin antes darme un baño como se debe. Luego de eso, con mucho cuidad

