No sé qué es más estúpido: si no tenerla la fuerza para detener a Alanis, o estar correspondiendo su beso. Quizás ambas. "Tienes que detener". Me reprimo, pero mis sentidos no hacen caso a mis demandas. "Tienes que detener esto ahora, por..." Dejo de escuchar la voz en mi cabeza, para dejarme llevar por un momento... En un movimiento —que me parece casi involuntario— mis manos recorren la espalda de Alanis, hasta colocarse en la parte trasera de su cuello. Un suspiro entrecortado contra mi boca es su respuesta. Y en este punto, siento que ya no puedo detenerme. Mis manos viajan por sus muslos hasta la parte trasera de sus rodillas, donde levanto el peso de su cuerpo y ella enrolla sus piernas al rededor de mi cintura. Entonces comienzo a caminar a tientas con ella, sin dejar de b

