LILY Me quedé viendo la foto, frunciendo el ceño como una tonta, con la cabeza hecha un lío. ¿Cómo carajos describo esto? Era grande. No, no, era zorra enorme. Escuché a Oliver moviendo el pomo de la puerta. Pegué un brinco y volteé el teléfono como si no hubiera pasado nada, tratando de disimular. Entró, se quitó la camiseta de un tirón y se dejó caer en la cama como si nada. —Mañana tenemos plan, eh... Es medio lejos pero... —empezó a decir. Se cortó de golpe cuando vio su teléfono, ahí, boca abajo. —¿Todo bien? —pregunté, aclarándome la garganta. Agarró el celular y miró la pantalla. —¿Lily? —¿Sí? —respondí. —¿Chismeaste mi teléfono? —preguntó, sin que yo pudiera adivinar si estaba molesto o le daba igual. —No —mentí descaradamente. Me miró directo, levantando las cejas.

