Celia observó cómo el segundero avanzaba lentamente por la esfera del reloj, acercando cada vez más la hora a la una y el final del turno de Dora. Sabía que en cualquier momento el ama de llaves terminaría sus tareas del día y anunciaría que se iba, dejando a Celia sola una vez más en la casa. Celia se había alegrado tanto de ver a la mujer cuando llegó, que casi la había abrazado. Mientras William se apresuraba a irse a trabajar, Celia temía quedarse sola, sobre todo después de la noche anterior. Las dos mujeres pasaron casi una hora en la cocina, tomando café y hablando de la sesión. Aunque Dora, siempre concienzuda, no dejaba de recordarle a Celia que no le pagaban por beber café, Celia la mantuvo allí, hablando. La mujer era increíblemente buena escuchando, y mejor aún porque no des

