Edgar, no había podido asistir a la boda, porque a su hijo lo darían de alta en la mañana para terminar su convalecencia en la hacienda. Contrato una ambulancia para llevarlo. —Bueno, Carlos; ya estás en casa —le dice Edgard, cuando ya lo tenía instalado en su cama— tienes que seguir reposando, para que te recuperes pronto; igualmente hijo, tienes que recuperar el ánimo, ya no hay nada que hacer; Karina, a estas horas debe estar casada; al menos te queda la satisfacción de que hiciste todo lo que pudiste para recuperarla; estoy orgulloso de ti. —¿Cómo quieres que me anime, papá —le dice Carlos— hoy he perdido a la mujer que tanto he amado durante años; ella no me recuerda en este momento, pero cuando me recuerde, ya va a estar casada, y se va a desesperar, sin que yo pueda ayudarla

