En ese momento, Amily trajo un plato de fruta. —Sra. Lusk, ha estado ocupada toda la mañana. ¿Le apetece un poco de fruta? Sin esperar a que Patricia diera las gracias, Amily susurró —Señorita Lusk, ¿puedo hablar con usted? Patricia levantó los ojos y miró a Amily. Al instante comprendió a qué se refería Amily, ya que había un criado cerca de ellas. Patricia se levantó y dijo —Amily, lleva la fruta al jardín. Iré allí a comer. —Sí. Amily siguió a Patricia hasta un rincón del jardín. Al ver que no había nadie más, Amily dijo, molesta. —¡Srta. Lusk, siento mucho por lo que está pasando! Si fuera cosa del pasado, no tendría que rebajarse tanto delante del señor y la señora Lusk. Patricia bajó las pestañas rizadas. Aunque disimulaba la frustración de sus ojos, aún se notaba que estaba enf

