—Vámonos ya, Kyleigh, llevamos una maldita hora dando vueltas —me quejé, cruzándome de brazos, frustrada. —Pero todavía es pronto... —¡Hija, son las nueve! —Está bien... —suspiró finalmente, y nos dirigimos fuera del centro comercial. —Estoy agotada —murmuré, frotándome la nuca. El peso del día me pesaba en los hombros como una losa. —¡LEANNE! El grito desgarrado de Kyleigh me heló la sangre. Giré la cabeza instintivamente y vi las luces de un coche viniendo directo hacia mí, a gran velocidad. Mi cuerpo se paralizó. Un rugido metálico. Un latido atronador. Todo se volvió n***o. --- Me incorporé de un salto, jadeando. El corazón me latía con violencia, como si hubiese corrido kilómetros. Miré a mi alrededor, sin entender. Estaba en mi habitación, sola, temblando. La sábana enredad

