"Con el tiempo todo se descubre; las mentiras más ocultas, las razones más específicas y los amigos más falsos". —No te tengo miedo —dijo Débora con burla, los labios curvados en una sonrisa altiva que me encendió la sangre. —Deberías… —respondí con una voz que ya no sentía como mía. En ese instante, algo dentro de mí se rompió. Lo supe porque lo sentí, como si una cuerda invisible que me ataba a la cordura se deshilachara sin remedio. Mis ojos ardieron con furia, y un velo rojo cubrió mi visión. No era una metáfora: era literalmente rojo. El mundo a mi alrededor se tiñó del color de la sangre, y con él vino la pérdida del control. Levanté los brazos a la altura de la cintura. No dije nada. No necesitaba hacerlo. El poder se desató como un latido brutal de mi alma: las farolas explotar

