Valentina Petrova El asco me inundó apenas me di cuenta que lo que había en ese termo no era jugo sino sangre. El olor a hierro llegó rápidamente a mi olfato. ¿Cómo era que no me había dado cuenta mientras me lo tomaba? ¿Por qué me habían dado sangre? Solté aquel termo como si este quemara mis manos. — ¿Por qué?!— grité horrorizada— Por qué me da sangre?!— comencé a sentir un nudo en la garganta queriendo llorar una vez más — porque lo necesitas Valentina de ahora en adelante lo vas a necesitar— ¿Que?! Y luego recordé las palabras del doctor si volvían a morderme yo estaba en riesgo de morir... O convertirme ¿Me había convertido? ¿Yo era vampira?! No, no.— lo siento mucho ¿Lo siente? — sacaron a María porque creyeron que podía hacerle daño?— Pregunté el asintió. La furia i

