Deneb caminaba junto a su abuela por los interminables pasillos del hospital, su corazón latiendo con fuerza de emoción. En el cochecito doble, sus adorables gemelos dormían plácidamente, ajeno a la alegría que embargaba a su madre. Ese día, finalmente, el doctor les dio permiso para ver a Harry, su amado esposo, quien recientemente había despertado de un largo sueño. Con un nudo en la garganta y una sonrisa sincera dibujada en su rostro, Deneb se acercó a la puerta de la habitación de su esposo. Prudentemente, golpeó con suavidad y esperó unos momentos antes de entrar. El corazón le latía con tanta prisa que temía fuera a escapar de su pecho. El olor a desinfectante llenaba el ambiente, pero Deneb no podía concentrarse en eso. Solo tenía ojos para Harry, quien yacía en la cama con una e

