Deneb no sabía cómo sentirse al respecto, una mezcla de tristeza y rabia la embargaba en ese momento. No era hija biológica de los Bettencourt, ahora todo le calzaba. Ahora podía entender un poco más la manera de actuar de sus padres, la despreocupación de ambos y el poco amor que le entregaron a lo largo de toda su vida. Harry y ella se consolarón mutuamente, a base de caricias y palabras de consuelo. Finalmente, ella decidió romper el incómodo silencio que se había instalado minutos antes. —¿Estás bien? —Alzó la mirada para encontrarse con aquellos enrojecidos ojos verdes. Dios, como amaba a ese hombre. —Es imposible estar bien Deneb, la vida de ambos se basó en mentiras tras mentiras y nos ha tocado descubrir todo mediante estar cartas. —Arrojó con desprecio las cartas sobre la mesa.

