Deneb abrió los ojos lentamente, sintiendo un dolor punzante en su cabeza. Trató de moverse, pero se dio cuenta de que estaba incapaz de hacerlo. Su corazón comenzó a latir rápidamente mientras miraba a su alrededor, confundida. —Harry... —Susurró el nombre de su esposo con voz trémula. —Siempre has logrado ayudar a quienes aprecias... Se que a mí también me ayudarás mi amor... —Hizo un esfuerzo abismal por no llorar. La habitación en la que se encontraba era oscura y lúgubre. Solo podía distinguir las sombras de las paredes y los débiles rayos de luz que se filtraban por una ventana pequeña y sucia. Deneb intentó mover sus manos y pies, pero rápidamente se dio cuenta de que estaba amarrada. Sus tobillos y muñecas estaban sujetos firmemente con cuerdas ásperas, imposibilitándola de escap

