Capitulo 6

1228 Palabras
Harry tuvo la decencia de permitirle sacarse el vestido de novia, dejándole sobre la cama una simple bata de encaje color roja. Para su gusto, una prenda demasiado vulgar que dejaba su cuerpo completamente expuesto a las miradas ajenas, agradecía que solo estuvieran ellos dos en tan inmensa casa. Se quedó en ropa interior para luego cubrirse con la bata, se acercó al tocador y maquillo un poco su rostro, se le notaba más pálida de lo habitual y ojerosa, sin mencionar la mancha rojiza que comenzaba a tornarse violeta después del golpe que su ahora esposo le dió. Una vez su rostro estuvo maquillado pintó sus labios de carmín, ya lista abandonó la habitación y se encaminó con una postura elegante hasta la sala, donde su esposo la esperaba para leerle el contrato. Grande fue su sorpresa al ver a Rowson Winkler, en compañía de su esposo. Ante su llegada, Winkler fijó sus ojos en ella, recorriéndola con la mirada sin pudor alguno y relamió sus finos labios en el proceso, provocándole escalofríos. — ¿Qué hace Winkler aquí, Harry?— Inútilmente intentó cubrirse con sus manos, de pronto, se sentía demasiado expuesta frente a un extraño y la mirada lasciva del hombre le daba escalofríos. —Row es mi abogado, el será quién te lea el contrato y explique cualquier cláusula que tú hueca cabeza no llegue a comprender—. Ante ese chiste de mal gusto ambos hombres comenzaron a reír. Se sentía expuesta y humillada, sabía que Harry lo hacía a propósito, que disfrutaba de verla tan derrotada frente a ellos. Trato de mantener la compostura mientras se sentaba frente a ellos y de un modo elegante cruzaba las piernas. Winkler la recorrió con la mirada mientras que sin disimular se acomodaba la entrepierna. Tal acción le resultó por demás desagradable y lo único que deseaba es que ese imbécil se fuera, no toleraba ver su cara un solo segundo más. Sabía que era el mejor amigo de su ahora esposo, por lo que lamentablemente debería lidiar con la presencia de este hombre más de lo que pudiera soportar. —Señora Jones, procederé a entregarle el contrato—, Rowson le arrojó una carpeta con documentos al piso—. De todas maneras le leeré las cláusulas, espero logre seguirme. Tengo fe de que no es tan lenta como parece—. Le dedicó una sonrisa de suficiencia, crispando los nervios de la rubia. — ¡Me sorprendes Winkler, realmente no sabía que supieras leer!— Exclamó la rubia con sorna al momento que alzaba una de sus cejas. Rowson, ante el burlesco comentario de Deneb enrojeció de la rabia, observando de reojo a Harry para luego centrar su total atención en ella. Desde que tenía uso de razón se sintió inmensamente atraído por Deneb, le encantaba su cabello tan claro que casi parecía blanco, su piel tersa y nivea, sus bonitos ojos grises, su cuerpo esbelto y la elegancia de sus movimientos. Pese a todos los años que pasó tras sus pasos, ella jamás se dignó a mirarlo, él era demasiado pobre para alguien como ella. —Si las perras como tú pudieron aprender a hacerlo, con mejor razón mi amigo aquí presente—, la voz profunda y masculina de Harry inunda el salón completamente. Sus palabras la estremecen de pies a cabeza y un sentimiento de derrota se acentúa en su pecho. Rawson, observa como Deneb agacha la cabeza y por un instante aprecia una cristalina lágrima deslizar por su pálida mejilla. También aprecia como la rubia la limpia apresuradamente e intenta mantener la compostura. Al parecer las palabras de Harry la lastiman mucho más de lo que alguna vez pensaron. ¿Acaso Deneb sentía algo por su mejor amigo? Ante la sola idea de pensarlo se sintió incómodo e inmensamente celoso. Él se encargaría de que la mujer terminara odiando a Harry Jones con todas sus fuerzas. —Estoy algo cansada, me gustaría que procedas a leer el maldito contrato—, Deneb irrumpió los pensamientos de Winkler con sus palabras, a lo que el hombre asintió rápidamente sentándose frente a ella y junto a su mejor amigo. Deneb comenzó a ojear los documentos que hace un par de minutos levantó del piso. Intentaba concentrarse en las palabras ahí impresas pero su cerebro parecía no querer colaborar. Pudo sentir la mirada de Harry sobre ella, sin embargo, no se atrevió a enfrentarlo. Se sentía demasiado expuesta y vulnerable como para confrontar a Jones, estaban en desigualdad de ventajas, por lo que la única perdedora sería ella. —Señora Jones, procederé a leer sus obligaciones para luego explicar los beneficios otorgados por cumplir al pie de la letra con sus obligaciones—. Rowson abrió la carpeta para sacar los correspondientes documentos y posteriormente encendió una filmadora que se encontraba sobre un trípode a su costado. Deneb observó sorprendida a la cámara, algo confusa buscó la mirada de Harry, quien se encontraba totalmente sumido en su teléfono celular. Cuando Gine le escribía, todo lo demás perdía valor a su alrededor. Deneb se percató de eso y una incómoda sensación de celos se acentuó en su pecho, entremezclandose con su creciente angustia. ¡Odiaba tanto a Gine Winkler! La muy zorra logró engatusar a Harry haciendo su papel de víctima y mosca muerta, pero era las que evidente qu solo buscaba alcanzar una buena posición económica sin tener que hacer nada. — ¿Para qué es la cámara?— Preguntó bajito e insegura. —Es para que la sesión quede documentada y grabada, en caso de que usted desee presentar alguna denuncia—. Respondió con total simpleza, ante sus palabras la rubia deseaba salir corriendo de aquel lugar. —Comprendo—, fue la seca respuesta de la mujer—. Aunque no lo veo necesario, no pretendo denunciarlos en un futuro—. Rió sin gracia ante sus propias palabras y por lo bizarro que le resultaba todo—. No es como que tenga muchas opciones, Winkler—, arrojó con desdén. —Siempre hay más de una opción, señora Jones. El problema es que usted no ve más allá de sus ojos, solo opta por tomar el camino fácil—. Alzó una de sus cejas y esbozó una cansada sonrisa. —Te es muy fácil hablar, por qué sí, es fácil opinar cuando no se está en el pellejo del otro—, inclina su torso hacia adelante para luego llevar un mechón de cabello tras su oreja. —Puede que tenga razón, pero tenía muchas opciones frente a usted, solo que no supo verlas—. En ese momento deseaba tomar a la rubia entre sus brazos y estamparla contra la pared para devorar su boca a besos. Si tan solo ella se hubiera dignado a mirarlo, nada de esto estaría pasando. —Poco me importan tus palabras, Winkler. Honestamente prefiero que apagues la cámara, tenerla encendida me incomoda—. Desvía la mirada entre avergonzada e incómoda. —La cámara no se apagará Deneb, necesito que quede grabado el momento en que Rowson te hará la prueba de virginidad. Quiero que las cosas queden claras y sean totalmente transparentes—. Harry dejó su teléfono celular a un lado y centró su total atención en la rubia, quién al escuchar sus palabras palideció aún más.
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