Gine Winkler se sentía frustrada, el encuentro con Harry logró derribar sus murallas y hacerla sentir miserable. Siempre fue de ese modo con Harry, él tenía la maldita capacidad de hacerla sentir tan pequeña e inferior a su lado, lo peor de todo es que él jamás se percató de aquellos sentimientos. Agitó su cabeza tratando de disipar esos pensamientos deprimentes y enfurruñada se adentro en la deslumbrante mansión de Tom Sezai. Grande fue su sorpresa al encontrar al hombre bebiendo té en la sala. —¿Dónde m***** estabas Gine? Creo que fui bastante claro el día que te di las reglas para vivir a mi lado en la mansión. —Dejó elegantemente la taza de té sobre la mesa de centro y se puso de pie acercándose sigilosamente a la mujer. —¡Fui a reunirme con Harry, el muy imbécil se atrevió a amenaza

