Era temprano por la mañana, los primeros rayos de sol se colaban a través de la ventana y Deneb se levantó abruptamente ante las náuseas matutinas. Corrió hasta el cuarto de baño para arrodillarse junto al retrete comenzando a devolver hasta las tripas. Harry, como cada mañana le llevo el desayuno a la cama, encontrando a la rubia en ese el baño a las arcadas. Dejó la bandeja sobre la mesa de noche para ir a socorrer a su esposa al baño, hizo lo único que podía hacer en un momento como ese, acariciar su espalda y darle palabras de aliento. Cuando finalmente las ganas de vomitar pasaron, Deneb se encontraba de un pésimo humor, desquitando su molestia y frustración con Harry, quién pacientemente soportaba los cambios de humor que experimentaba su esposa. Días atrás leyó un artículo que habl

