Capítulo 1

3203 Palabras
Los viajes casi nunca con mis pasatiempos favoritos, incluso cuando tengo a mi disposición un jet privado. Nadie me había comentado que podría sufrir de vértigo, claramente nadie se lo esperaba, no de uno de los mayores CEO dentro de los Estados Unidos. Las gotitas para hacerme dormir eran más que suficiente para que pudiera disfrutar el vuelo sin sentirme incómodo, sin sentirme mareado y por lo menos, sin terminar de vomitar por doquier, algo que ya en experiencias pasadas, fue un gran bochorno.   Muerdo mi labio mirando hacia el gran ventanal, amo demasiado la vista, aunque extraño en sobremanera Madrid. Nunca pensé extrañarlo tanto, aunque no sé realmente cuál es la consecuencia real de extrañar un lugar que me hizo tanto daño.   Sonrió para mis adentro cuanto tocan la puerta de mi oficina, tonos oscuros llenan lo que debería ser el espacioso sitio, pero no, está todo tan ordenado que no quiero que nadie impregne con su sucio olor las paredes de mi oficina.   -¿Quién?- mi tono es suave, pero mi voz es grave ¿Por qué tocarían a la puerta? ¿Acaso el intercomunicador no existe en este momento?   Miro fulminante hacia la puerta, mi asistente y secretaria asoma con delicadeza su cabeza, sabe que estoy molesto.   -Señor Monterrubio?- alzo mi ceja esperando que ella diga lo que viene a decir, no tengo todo el tiempo para que ella se quede de pie mirándome, como si lo que hiciera aumentara su sueldo.   -¿Qué haces aquí?- pregunto con algo de molestia levantándome de mi asiento. Camino alrededor de mi escritorio y llego a donde ella.   -El señor Villa fuente, proveniente de los alrededor de España, quiere hablar con usted- bajo la mirada para poder verla, su poca estatura se me hace graciosa, pero en este momento, es más que una molestia frente a mí.   Juls es una mujer con determinación, es por eso que es mi mano derecha en todo lo que hago dentro de la oficina, es mi asistencia, secretaria y mujer a mando de todo lo que me rodea, y porque no decir, casi al mando de mi vida.   Dejo salir una bocanada de aire porque la única persona que quiero a mil pasos de distancias, está justamente detrás de esa puerta.   Miro hacia la madera de caoba que nos separa y la tomo del brazo para halarla un poco, estamos ahora frente al gran ventanal, ella lleva su pequeña carpeta oscura a su pecho y está alternando su mirada de la vista hacia mí.   -¿Qué te ha dicho?- me giro para enfrentarla.   Ella tiene un perfecto metro sesenta, yo poseo un metro noventa que impone más respeto de lo que alguien puede pensar, pero ella puede mantenerme controlado.   Apoyo mi mano contra mi escritorio, y no puedo evitar tocar eventualmente el nudo de mi corbata, rasco un poco mi nuca y ella me ve algo desesperado y porque no decirlo, alterado. -¿Desea un té?- su pregunta me hace hervir un poco la sangre.   -Lo único que deseo es que él se largue- me acerco a ella y le susurro cerca de su rostro –Te dije que no lo quería ver- ella abre sus ojos y luego ladea su cabeza –Los nombres en la lista que te di, en esos nombres está él- sus ojos se abren en asombro y boquea varias veces antes de querer golpear su frente.   »No lo hagas, ya no te golpees.   Su mirada está en el suelo y muerde su labio varias veces mirando hacia la entrada. -Le dijiste que hablarías conmigo ¿Verdad?- ella me mira desde abajo, con esa mirada de cachorrito arrepentido.   -¿Puedo solucionarlo?- mi parte irracional, déspota y malhumorada quiere que ella salga de la maldita oficina y se haga cargo de la maldita escoria que está irrumpiendo el lugar de trabajo que me pertenece, pero mi otra parte, quiere que ella se calme porque si no terminare metido en un lío del que no tengo ganas de actuar.   Me dejo caer en la cómoda silla y paso mis manos por mi cuello, siento la tensión subir por mi cuerpo.   -¿Cuál es la agenda para el día de hoy?- no evito hacer la pregunta para saber cómo puedo salir de esta oficina sin que el hombre pueda tocar mis talones por el pasillo.   Paso mis manos por mi rostro tratando de restregar la frustración.   -Su agenda está un poco libre, pero no del todo disponible- asiento y hago un ademán, arreglo mi corbata y me levanto arreglando mi traje a medida –Tiene que estar en Francia para la noche- asiento a sus palabras.   -Los dueños del viñedo a las afueras Limousin, cerca de Tulle. Los Moreau quieren que usted y la empresa, patrocinen la nueva cara de su vino- asiento –Cada año, como usted sabe, sale a flote una nueva reserva, y para este año han deseado que sea usted quien haga cargo del diseño y la publicidad-   -¿Cuándo sale el jet hacia Francia?- ella sonríe con suficiencia.   -Dentro de cuatro horas, señor- muerdo mi labio. –Tiempo suficiente para que usted se pueda dirigir a su departamento, tome la maleta y pueda ir hacia el hangar- asiento –La maleta esta ordenada, en la puerta de su departamento-   -¿Qué has guardado?- miro hacia ella.   -Tres trajes, dos mudas de pijamas y su ropa interior. Su perfume favorito y algunos implementos de higiene, ya que usted no suele utilizar los que comúnmente dejan en los hoteles- afirma.   -Perfecto- ella sonríe –Pero aún tenemos un problema- sonrió con arrogancia mirando hacia el exterior.   -Señor- alzo mi ceja y mi rostro cambia completamente, la seriedad él algo que se apodera de mí, ella traga hondo.   -No te metas en mis asuntos ¿Te ha quedado claro?- baja la mirada.   -Si señor- asiente.   -Deshazte de él. Necesito salir-         Miro a cada lado cuando he abierto la puerta, no me caracterizo por ser un hombre temeroso, puedo enfrentarme a cualquiera que se me atraviese, pero en la vida no estamos para aparentar completamente todos los días, y alguno más que otros, la realidad suele caer por su propio peso, aunque nosotros, no queramos. Cierro la puerta y con mi maletín en mano camino a pasos rápidos por el pasillo, tengo la mirada de mi secretaria en mis espaldas.   Cierros mis ojos escuchando la inconfundible voz.   -Siempre huyendo ¿No te cansas de escapar de mí?- aprieto con fuerza deseando que la tierra se lo tragara y lo escupiera en su maldito lugar de origen.   -No huyo de ti. Si no de lo que traes consigo cada que te apareces- su risa ladeada aparece.   No es suave, no es sutil, es una maldita risa que me hace querer golpearle el rostro.   Miro detrás de él, Juls está mirándome con sus ojos muy abiertos, ya ha rodeado su escritorio y trae algo en su mano, ella me mira cómplice.   Estiro mi mano hacia atrás y aprieto el botón de mi elevador personal.   -Necesito que te retires de mi empresa- alzo mi rostro imponiendo respeto, pero aun así, él se carcajea delante de mí.   -Te has convertido en un arrogante desde que has conseguido la cima- alzo mi ceja divisando a Juls cada vez más cerca.   -¿No eras tú el que siempre me decía que debía mirar más arriba?- siento la furia recorrer mi cuerpo, cada pequeño espacio está haciendo un corto circuito.   -Como la pu…- el impacto es fuerza causando que sus palabras no terminen de ser dichas. El hombre cae de rodillas, Juls tiene un florero en sus manos y mi respiración cada vez que vuelve más irregular.   El elevador se abre y yo doy dos pasos hacia atrás y quedo dentro de él.   -Los de seguridad vienen en camino. Que no lo atormente, usted es mejor hombre que él- asiento divisando el cuerpo que se remueve y alza su rostro hacia mí.   -No te quiero ver más en mi empresa- es lo último que digo para ver como las puertas metálicas se cierran.   Dejo caer mi cuerpo en una de las paredes, mis ojos se están cerrando, pero evito que eso pase, trago hondo y saco el paquete de chicles dentro de los bolsillos de mi chaqueta, lanzo dos a mi boca y dejo que el masticar alivie un poco la tensión y ansiedad que me hace retorcer.   Limpio el sudor de mi frente cuando veo que hemos pasado el primer piso y llegamos al estacionamiento. Las puertas se abren y lo primero que veo es a mi escolta y amigo observarme algo insistente.   -Señor- niego alzando la mano.   -¿Cómo lo dejaron pasar?- él ladea su cabeza.   -¿A quién hemos dejado pasar?- niego levemente y camino hacia la puerta abierta.   -Villa fuente estaba en mi oficina hoy- confieso con algo de molestia, su cuerpo se tensa y veo como mi chofer aprieta su mandíbula –No he dejado una lista de personas no admitidas ¿Cómo es que se coló a la oficina?- hago la pregunta pero él niega.   Entro al auto lanzando el maletín al asiento contiguo, dejo caer mi espalda para reposar mientras veo a Jordán subirse al auto y como Michael arranca el auto. Estamos saliendo del estacionamiento y cierro mis ojos con fuerza.       Flashback   «-¿Realmente llegaste a pensar que eras valioso?- sus palabras son crueles, más de las que he pensado, mis lágrimas bajan mientras aprieto más mis rodillas hacia mi pecho, estoy acurrucado mirando la expresión de furia caer sobre mí.   -No sirve para nada, es más ¿Cuándo ha servido?- la voz fuerte cae como una tormenta logrando que todo en mi interior se remueva.   Sollozo en silencio, mis lágrimas no han dejado de bajar y las quito con brusquedad irritando mis mejillas.   -Tienes edad suficiente para complacer a quien quiera- su voz es grave, algo suave, pero no es confiable, ninguno de ellos es confiable. Nadie lo es realmente.   Aprieto mis ojos con fuerza, siempre me decía una pequeña voz en mi oído que su los apretaba tan fuerte lograría transportarme a otro ligar, uno alejado, uno en donde reinara la paz y la tranquilidad.   Eso nunca ha ocurrido, pero aún mantengo la esperanza de que eso ocurra.   O quizás no.   -¡Ven!- tiran de mi brazo con fuerza levantándome.»   Fin del Flashback       Mis ojos se abren rápidamente y veo como Jordán está medio cuerpo mirando hacia mí, Michael ha detenido el auto en un lugar alejado y también está mirando hacia mi dirección.   -¿Qué están haciendo?- pregunto un poco renuente a sus miradas.   -No dejaba de gritar, señor- Michael es quien rompe el silencio.   Paso mis manos por mi sien y frente para quitar los rastros de sudor, me siento un poco drogado y quizás algo perdido, sé que no lo estoy porque he podido descubrir la sensación de la droga en el sistema.   Tener dinero y sentirse perdido puede llevar a cualquiera a un rumbo desconocido.   -Arranca- Michael mira un momento a Jordán y sin esperar alguna indicio el auto vuelve a entrar en la vía.   -Señor- niego dejando que el aire vuelva a mis pulmones –Señor- miro a Jordán que trata de buscar mi mirada.   -Déjame- asiente y vuelve a mirar al frente. Siento la mirada de Jordán todo el trayecto al Pent-house mientras las luces adornan la bella ciudad.   Me siento más tranquilo cuando hemos entrado al estacionamiento, dejo que todo comience a fluir y salgo del auto cuando Jordán ha abierto la puerta.   -Tengo que subir, no te retires- le digo a Michael, él asiente y me deja ir hacia el elevador.   Jordán se sube a mi lado. Es curioso, pero Jordán mide un metro, noventa y tres. Así que por tres centímetros es más alto que yo, e incluso, tiene más edad.   -¿Se siente abrumado?- me hace la pregunta cuando ha marcado el piso en donde nos tenemos que quedar. Me recuesto en una de las paredes y lo miro de reojo.   -Me siento mal Jordán. No espero visitas como esas ¿Sabes quién soy yo?- él asiente y mete sus manos en los bolsillos de la chaqueta deportiva que lleva puesto.   -No es quien sea usted, señor. Es por quien usted se deja atormentar- niego mirando las puertas –No tiene que decirme nada, yo ya sé lo suficiente para estar en este momento a su lado, pero no está del todo bien, no es un semblante muy propio del magnate y CEO Monterrubio-   -Nada es como debería ser hoy, Jordán. Ni siquiera sé cómo poder soportar todo lo que se me viene encima- salimos de elevador y me veo delante de mi hermosa puerta color blanco.   Se abre paso a mi departamento, el suave olor a chocolate y menta inunda mis fosas nasales y dejo que ella calme toda mi angustia. Jordán cierra la puerta detrás de él y quita su chaqueta.   -Prepara lo que quieras, aunque en el jet podemos pedir algo para comer- asiente y luego alza su ceja con una sonrisa burlona.   -Si no es que usted vomita todo primero- aparta su mirada, pero la burla sigue allí.   -¡Hey! Soy tu jefe ¡Más respeto!- lo apunto quitando mi chaqueta del traje -¡Y TE RECUERDO QUE FUE UNA SOLA VEZ!- grito mientras voy por el pasillo camino a mi habitación.   La risa de Jordán resuena por todo el lugar y me hace sonreír.   Jordán es un bastardo, pero lo quiero. Es mi amigo y compañero, sabe mucho de mí, como yo lo sé de él. Somos almas gemelas, nos entendemos y comprendemos, y sé que nunca sería capaz de traicionarme, como yo nunca lo haría contra él.   Saco mi ropa y la dejo en el bote, entro al baño y evito a toda costa mirarme en el espejo, entro directamente a la ducha y abro el grifo. Todo es blanco, con toques negros, el mármol es mi decoración favorita, sus dos tonalidades me hacen sentir en calma.   Mande a diseñar esta pent-house, buscando las maneras de que todo él, me haga sentir en suma calma. Lo lograron, y no puedo sentirme más satisfecho que como el día de hoy.   Limpio todas mis angustias con el agua fría, enjabono mi cuerpo con premura olvidándome por un momento de las responsabilidades que acarreo, y dándome el placer de poder estar en calma. Jordán está en el living y me hace sentir seguro.   ¿Qué tan seguro puedo aparentar?   Nadie nunca podrá entrar bajo mi piel, nadie nunca podrá tocarme como ansían, por lo menos, no mientras este consiente.   Dejo un poco la formalidad a un lado, me dejo sentir un poco más libre, el vuelo sale en dos horas, pero si llego antes puedo hacer que arranque hacia Francia.   Amo los viñedos, el olor dulce de la uva dentro de esos barriles es mi debilidad, pero no puedo basar solo a mi compañía en hacer publicidades de vinos, por lo que tengo a otros artistas y empresas buscándome, pisándome los talones y descaradamente, ofreciendo todo lo que tienen.   Ser el hombre más deseado entre las empresas publicitarias me hace dormir en camas de dinero, amo el dinero, como amo el buen vino, como amo la paz y la calma.   Unos jeans azules, una camiseta blanca y unos deportivos negros, una chaqueta deportiva negra con blanco y una gorra. Lo más casual posible para poder sentirme relajado dentro del jet.   -¿Listo?- la voz grave de Jordán me hace asentir, tomo mi maleta y abro la puerta para salir, tomo una bocanada de las esencias dentro de mi pent-house y termino de cerrar todo.   Jordán pulsa el botón del ascensor y este abre rápidamente. -Ya sabes- digo dejando la maleta en el suelo.   Michael estaciona y no espero que nadie abra mi puerta. Sonrió mirando la belleza que tengo en mis manos, preciosa.   Blanca con una franja negra, amplia y espaciosa, una cosita magistral que está bajo mi nombre, Jordán toma mi maleta y agito mi mano hacia Michael que está fuera del auto esperando que aborde el jet.   -Señor Monterrubio- la mujer sonríe hacia mí.   -Señorita Clarisa- ella sonríe y me abre paso para abordar.   Ella es de España, la tomé como mi sobrecargo cuando había llegado a mí pidiendo algo para poder trabajar, resulta que la mujer tenía suficiente experiencia como azafata, pero había sido vilmente despedida por no dejarse tocar de su superior. La habían denigrado y logrado cerrar cada una de las puertas disponibles, lo que ninguno sabía, es que le abría las puertas para tener un trabajo mejor pagado y menos forzoso.   Dentro de lo que cabe.   -Hemos equipado con bolsas de papel, gotas para su té y una comida ligera- ladeo mi cabeza cuando me siento en el suave asiento de color blanco.   El mármol también forma parte de la decoración interior de mi jet. Sonrió cuando puedo distinguir la dulce fragancia.   -Quiero poder intentar hoy mantenerme despierto, quiero poder disfrutar por un momento el bello paisaje, si desde luego, me siento mal, no dudaré en pedir asistencia ¿Te parece?- Clarisa asiente con una sonrisa.   -¿Te?- Niego.   -Whiskey- ella asiente y mira hacia Jordán que se encoge de hombros –No le prestes atención- digo mirando hacia las afueras sintiendo como el jet comenzaba a moverse.   Tomo unos documentos que había dejado en la parte superior de la maleta y los despliego luego de dar un sorbo a la bebida, siento un poco el ardor, pero no dura más que un segundo antes de sentir que me hace sentir maravillado.   Puedo observar los diferentes diseños que llevo a mano para poder mostrárselos a los Moreau, y como he dejado de forma estilizada la etiqueta y caja de su próxima maravilla al paladar.   Así que perdido un poco en el sabor que puede tener este vino, siento como puedo saborear el chocolate con menta, de nuevo.   -¿Cuándo colocaron el aromatizante?- le pregunto a Jordán un poco perdido en la esencia.   -¿Aromatizante de qué?- su pregunta a mi pregunta me hace pensar que no estamos en sintonía.   -¿Un poco más?- escucho la dulce voz llamando mi atención.   Mi boca saliva y siento la tranquilidad cuando estoy en casa.   -¿Y tú eres?- hago la pregunta a la joven y dulce chica que está preguntando si quiero más Whiskey a mi Whiskey intacto.   -Emmet Taylor- sonríe hacia mí –Sobrina de Clarisa- asiento hacia la puerta en donde la mujer no ha aparecido.   No puedo evitar sonreír ante la nueva a intrigante chica, alzo mi ceja y niego a su petición.   -Sebastián Monterrubio, para servirte- inclino un poco mi cabeza en una leve reverencia causando que la chica se sonroje. Sus dulces mejillas adornadas de ese rubor hacen que mi corazón se agite, logrando que en un momento de lucidez, aparte la mirada de ella.   -Yo estoy para servirle- alzo de nuevo la mirada hacia ella.   -Eso lo veremos pronto- digo dándole un sorbo al Whiskey mientras veo perderse a la chica, detrás de aquella puerta.  
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