Ágata. No puedo dejar de observarla. Anastasia es un espejo del futuro, una visión de lo que Agnese y yo seremos en unas décadas. Su parecido con nosotras es tan asombroso que parece nuestra tercera gemela; posee una belleza atemporal que desafía los años, y no puedo evitar agradecer internamente a la genética por el legado que nos ha otorgado. A su lado, el señor Roman proyecta una imagen imponente. Es un hombre de una elegancia peligrosa; ahora entiendo perfectamente de dónde sacaron Ivan y Alek ese aura de misterio y autoridad que roza lo tenebroso. —¿Encerradas? —La pregunta escapó de los labios de ambos al mismo tiempo, cargada de una mezcla de incredulidad y horror. —No nos permitían salir de casa —explicó Agnese, manteniendo la vista fija en su taza de té, como si buscara respues

