–¿Subimos? –pregunté casi sin mirarla e intentando sonar tranquila. Ella ni siquiera me respondió solo se limitó a seguirme. Una idiota, soy una idiota, una lacra, una basura. Me dije internamente una y otra vez mientras subíamos, comenzaba a odiar que mi habitación estuviera en el tercer piso y que mi padre nunca hubiera querido hacer un ascensor pues amaba que aquella casa conservará su estilo anticuado. –Esta será tu habitación –dije abriendo la puerta de mi antigua habitación, había decidido dársela, ya que era la mejor de la casa y ella merecía lo mejor. –Puedes acomodarte tranquila, el personal nos avisará cuando el almuerzo esté listo –dije mientras miraba cada centímetro de este lugar recordando las veces que estuve sola aquí en esta gran habitación. Y ahora mi padre quería pasa

