NARRA JULIANA. "Nada va a cambiar", eso fue lo que dijo, pero la verdad es que aquello no era cierto, las cosas sí cambiaron y cambiaron mucho. Pero para mejor, las cosas cambiaron a mejor, cada día que pasaba era más hermoso que el anterior, Valentina y yo éramos inseparables y aquello no era un secreto para ningún habitante del convento. Ella pedía mi compañía para cada actividad que tenía. ¿Debía ir al supermercado?, yo la acompañaba. ¿Y si ella era la encargada de organizar el templo para la misa?, ahí estaba yo ayudándola. ¿Si había que hacer alguna tarea para el seminario?, ella se sentaba a mi lado bajo el árbol del patio y me ayudaba con cada deber. Cuando era mi turno del aseo se sentaba en aquel pasillo a verme pasar el trapo, algunas veces mientras todos tomaban su siesta apr

