NARRA JULIANA.
Mire hacia su puerta y continúe barriendo, a las novicias nos habían asignado algunas tareas las cuales debíamos cumplir. A mí me había tocado el aseo y fue la primera vez en mí vida que agradecí limpiar, ya que está era la única forma de al menos estar cerca de ella, o más bien de su puerta. Aunque siempre esté cerrada, al menos tenía más esperanza desde aquí.
Día tres sin verla, mis ojos por alguna extraña razón lloraban su ausencia. El cielo ya no es celeste desde hace tres días, pues ella robó su color, Valentina llevaba tres largos días sin salir de su habitación y yo no hacía más que preocuparme sin siquiera entender el por qué. La escoba limpiaba la tierra del suelo cuando mis ojos vieron como la mismísima madre superiora estaba golpeando a su puerta , traía un plato en su otra mano con un sándwich preparado en ella.
La puerta se abrió acelerando mí corazón y la madre superiora entró, intenté llegar antes de que cierre, pero no lo logré y la posibilidad de verle la cara fue robada ante mis ojos.
Dejé la escoba en el suelo y me acerque a la puerta para oír, no me juzguen, necesitaba saber de ella, sé que esto estaba muy mal y en otra ocasión jamás lo haría, pero realmente necesitaba verla y si no podía al menos deseaba oír su voz.
–Hija, ¿ qué es lo que sucede contigo? –preguntó la madre superiora.
“Hija, ¿acaso le dijo hija?.”
–Solo es un poco de fiebre y malestar – alcance a escuchar la voz de ella como respuesta, me centraba tanto en oír su voz , en lo apagada que se oía que no podía pensar ni prestar demasiada atención a la charla.
–Llamaré a un doctor para que venga a verte –respondió rápidamente podía notar la preocupación de la madre superiora desde aquí.
–No madre superiora, realmente no hace falta. Estoy bien, solo necesito reposo– respondió Valentina y yo rogaba que no le hiciera caso y que aún así trajera al doctor.
–Eres terca muchacha – oi a la madre superiora decir –Recuerdo la última vez que me dijiste no llames al doctor, que estabas bien y luego tuviste hasta convulsiones por no contar que volabas de fiebre, por no pedir ayuda valentina – dijo la mujer mayor, pero fue la respuesta de la más joven en la habitación lo que llamó mí atención.
–Solo tenía 11 años madre, y créame aprendí mí lección – respondió al mismo tiempo que yo me alejaba unos centímetros de la puerta, apenas intentaba comprender lo que había oído cuando al alejarme de la puerta choque con alguien tras de mí.
–Supongo que se te cayó la escoba. ¿ No es así novicia Juliana? –preguntó Eva asustandome.
–Yo, yo no. Digo sí – respondí mientras alzaba la escoba sin hacer contacto visual, ya que estaba tan avergonzada y esperaba el milagro de que no me hubiera visto.
–E imagino que accidentalmente su oreja cayó también en la puerta de esta habitación, la cual no es la suya. ¿No es así Novicia Juliana? –preguntó Eva sin rodeos y sé que me avergoncé tanto que mi rostro se tiño de Colorado.
–Yo lo siento, no quise hacerlo, lo siento – respondí avergonzada y nerviosa por haber sido atrapada .
–Usted Novicia no aprende y hay tantas cosas del mundo, tantas malas costumbres que deberá dejar de lado si es que quiere continuar con esto de otra forma le recomiendo no seguir perdiendo su tiempo aquí – respondió Eva duramente y sabía que tenía razón cómo es que me había atrevido a escuchar conversaciones ajenas, a espiar como una rata a aquella monja, no lo entendía ni razonaba solo sé que hay cosas que estoy haciendo que antes jamás haría.
–Yo, yo solo… – comencé a divagar en un intento de defender lo indefendible, pues no tenía oportunidad de arreglar aquello.
–¿ Usted qué?, no juegue novicia entiendo bien lo que sucede aquí – respondió la hermana Eva llamando mí atención. ¿Lo entendía?, ¿en verdad lo hacía?, dado que siquiera yo entendía aquello.
–¿Si? – pregunté con duda en mí voz mirándola a los ojos.
–Claro que si, usted quiere escuchar algún rumor con el cual poder hablar con las demás mujeres sin escrúpulos, murmurar contra otros. ¿Crees que es divertido ?, ¿quien le da el derecho a entrometer su oreja en la puerta ajena?, ¿quien le da el derecho a hablar de la vida de los demás? –preguntó visiblemente enojada y mirando hacia la puerta, la cual anteriormente yo estaba escuchando.
Tenía tanta vergüenza que apenas podía levantar mí mirada del suelo. Me había atrapado y estaba gritándome tan fuerte que temí que Valentina la escuchará, pero supongo que Dios tuvo piedad de mí pues la hermana Eva comenzó a caminar alejándonos de aquella puerta.
–Acompañame a la cocina –terminó de decir mirando con desprecio .
–Es que no termine aquí –respondí bajando la mirada, quería quedarme pese a todo lo que me había dicho, yo solo quería quedarme con las esperanzas de que saliera , con la esperanza de verla. No me importaba el hecho de estar perdiendo mí honor, no me importaba el hecho de cómo me acababan de retar , solo quería verla de manera desesperada y eso sin duda era algo que llamó mí atención. Estaba desesperada por ver a alguien que apenas conocía. Por verla a ella.
–Ese no es mí problema novicia –respondió caminando hacia las escaleras miré por última vez hacia la puerta de la hermana Valentina. Sentía como si mí corazón estuviera del otro lado, como si me fuera imposible sobrevivir desde este lado de aquella puerta de madera.
–Novicia Juliana –dijo la monja llamando mi atención, se la veía más furiosa que antes. Y seré sincera su voz, el tono de su voz enojada es escalofriante.
Camine con pesar tras de ella mientras sentía como mí corazón se estiraba y rompía a medida que me alejaba de la habitación de Valentina . ¿Por qué me sentía de esta forma?, ¿porque ella me preocupaba tanto?.
–Novicias, les pido que dejen su labor y se retiren a su respectiva habitación, ya que su compañera terminará de limpiar –anunció Eva hacia las tres novicias que se encontraban lavando los platos , ellas se sorprendieron ante aquello mientras mí mirada aún seguía en el suelo buscando cualquier cosa que evite sentirme tan avergonzada como ahora. Todas salían de la cocina mientras sentía sus miradas sobre mí al irse, ya no quedaba nadie en aquel lugar solo una Eva muy enfadada, una pila de platos sucios y a mí comprendiendo poco a poco el castigo que mi destino deparaba.
–Nunca vi esta cocina brillar , siendo sincera siempre por más limpia que esté pareciera como si aún estuviera con suciedad. Pero eso cambiará, ya que usted limpiará cada centímetro de aquí, los platos , las ollas, hornallas, los mosaicos, y no se irá de aquí hasta que está cocina brille. ¿Me oyó novicia? – dijo Eva mientras se acercaba a mí.
–Este es un trabajo para tres novicias, a mí sola me llevará toda la noche y pronto sonará la campana para irse a dormir, hermana – respondí levantando mí mirada para verla a los ojos.
Ella no dijo nada solo se acercó más a mí, podía notar la furia en sus ojos.
–Pues le recomiendo comenzar cuanto antes dado que no se irá de esta cocina hasta que brille, no importa cuántas horas le lleve, no importa que tenga que quedarse toda la noche limpiando la suciedad , no dormirá si es necesario, porque mañana a primera hora cuando me levante luego de haber dormido plácidamente en la comodidad de mi cama lo primero que haré será venir aquí y si esto no brilla usted se irá de este convento, ¿comprende novicia? – termino de decir.
Miré hacia los platos y ollas sucias y luego hacia Eva , no dije una palabra, pero en mi cara se notaba todo.
–Cuando estés cansada, y te rindas. Cuando tus suaves manos estén cubiertas de ampollas y el solo toque del agua te duela, quiero que allí reflexiones. Dejen en paz a la hermana Valentina, no saben nada sobre ella y sus rumores solo la perjudican, deberías meterte en tu propia vida y comenzar a tomar este lugar en serio –dijo duramente podía notar su enojó en cada palabra que salía de su boca, en verdad aquella monja era importante para ellos, y aunque tenía una idea errada de lo que yo estaba haciendo allí me parecía llamativo la forma en la que todos cuidaban de Valentina .
Eva miró hacia alrededor de toda la cocina , podía notar como desde ya se alegraba pues creía que no terminaría, que a mitad de la noche estaría tan cansada o que tal vez me quiebre una uña y quiera abandonar. Pero ella, pero todos tenían una idea errada sobre mí, sé que parezco frágil, pero soy más fuerte de lo que todos creen y hay algo que me caracteriza: jamás me rindo. Sonrió saboreando la victoria y salió de aquella cocina caminando como toda una ganadora mientras yo miraba cada centímetro que debía limpiar, este lugar era una mugre, necesitaría al menos dos vidas para terminar a tiempo , ni hablar de que nunca antes había lavado siquiera un plato, nunca en mi vida había tocado ni una esponja, pero aquí estaba remangandome las mangas del uniforme, hasta me quite mi toga, si iba a limpiar lo haría cómoda, mi cabello cayó sobre mis hombros y se sentía tan hermoso y libre.
– Bueno, tú puedes Juliana –me dije a mi misma comenzado a fregar un plato. Abrí el agua Y lo enjuague, estaba perfectamente limpio, me aplaudió a mi misma por aquello, lo deje secándose a un costado con una sonrisa en mi cara la cual fue borrada al notar que aún me faltaba unos 200 platos más.
Podría dejar esto, irme a mi cama acostarme a dormir y al despertar hacer mi bolso. Luego esperar que mi chofer me busque para irme a mi departamento tomar un baño caliente en mi tina mientras me alimento con comida que tenga al menos un poco de sabor, no como la de aquí, en verdad no necesitaba eso. Realmente no necesitaba pasar por esto, jamás necesité tocar un plato antes de venir aquí. Y pese a que el camino fácil sería volver, no podía hacerlo me quería convencer a mi misma que era por el hecho de no darle la razón a mi padre pues él me había dicho que no duraría una semana aquí. Pero por alguna razón en el fondo sabía que no era por aquello que no me iba, no me importaba darle la razón a él, pues su opinión tampoco me importaba, nada nunca me importó, o al menos eso creía, ya que la única razón por la que seguía fregando aquellos platos tenía nombre, y unos ojos preciosos.