En media hora estaba en una ciudad que jamás había visitado, era bueno, así nadie se interesaría en saber que había pasado con su vida, tomó un taxi y le dijo al chofer: —¡Lleveme a un hotel de buena reputación, por favor! El hombre asintió con la cabeza, en menos de diez minutos ella descendía del auto en alquiler para solicitar una habitación en un hotel. El lugar era bonito, sin mucho lujo, no quería pedir dinero a su padre, usaría lo que ella tenía, luego vería si necesitaba pedir a su papá. Por eso buscó un lugar medianamente cómodo y de buenos precios. En casa de Jonathan todo estaba normal hasta que éste llegó y lo primero que vio fue la pequeña nota de su hija que decía: — «Papá, no sabes cuanto te amo, pero necesito despejar mi mente y mis emociones, el amor es tan doloroso,

