Maitana no podía creer lo que estaba escuchando, su madre acaso; ¿se había vuelto loca? Nuevamente le preguntó: —¿Mamá, qué sucede contigo? ¿Estás renunciando a tus hijos? ¡Creo que necesitas ayuda mamá! ¡Esta mujer que está frente a mi, no eres tú! Selena apretó los labios y sus ojos llenos de rabia se fueron empequeñeciendo, luego la escuchó decir: — ¡Ésta mujer que ves es la que quedó después del desastre que dejaste a tu paso por haber dejado a Alberto! El ya no se ocupa de mí, ni siquiera me mira, ya no soy atractiva, ahora se volvió cristiano. Selena soltó una carcajada que sonó más como el chillido de una hiena, continuó diciendo: — Sí, ahora se hace el santo, está viviendo sólo Elizabeth, la muy hipócrita y mosquita muerta, ¡te dejaste quitar a nuestro marido! —Mamá, Albe

