CAPÍTULO 1

1563 Palabras
AINARA Cuatro meses antes… –¿Por qué lo haces? – pregunté con la mirada fija en el suelo. –Oye, lo siento, pero…necesito iniciar mi vida universitaria solo. No quiero que te sientas descuidada ni nada de eso. Por eso tomo está decisión. Negué con la cabeza y alcé la mirada. –Pero yo…yo te entenderé, no hay necesidad de terminar– dije en un susurro. –Lo siento, pero no puedo, ¿vale? Apreté los labios y asentí. –Si eso es lo que quieres, de acuerdo. Adiós entonces. Me giré con intensión de entrar en mi casa, pero me retuvo por el brazo. –Ainara, no quiero que me odies, entiéndeme por favor– tire de mi brazo y me zafe de su agarre. –Adiós Gus– dije y entré en casa. Cuatros meses después… Después de mi ruptura de amor de colegio ahora me encontraba esperando un mensaje, no uno cualquiera, sino, su mensaje. Sí, aun esperaba un mensaje, aunque sea por error. Había pasado meses desde que habíamos terminado, sí, pero lo extrañaba cada instante, una vez escuche que decían a mis espaldas que lo que sentía por él solo era una “dependencia emocional”, sonaba extraño decirlo en voz alta, yo depender de alguien para ser feliz. Había visto muchas historias en las cuales las chicas se volvían locas después de una ruptura, pero estaba segura que no iba a ser mi caso.  Gus subía a su i********: muchas historias, se veía que la estaba pasando a mil: fotografías en restaurantes con muchos amigos, viajes e incluso videos de conciertos a los cuales acudía.  En cambio, yo no tenía a nadie, una vez que comencé mi relación, erróneamente alejé a todas las personas que consideraba mis amigos. Ahora me encontraba así: en pijama, sin amigos a quien llamar, con un tazón lleno de fresas, despeinada y de un humor de perros. Dentro de tres semanas iba a iniciar la universidad, en la cual estudiaré la carrera de psicología, en un inicio no tenía claro si era para mí, pero con el tiempo me di cuenta que sí, excepto ahora que me encuentro en esta situación amorosa, aunque bueno, no tan amorosa, porque no hay amor por parte de él. Antes de mi ruptura, Gus siempre hablaba que sería un gran abogado, yo no dudaba, era inteligente, se expresaba muy bien y también era un témpano, si de sentimientos se habla. Él también iniciaba su carrera dentro de tres semanas, y por casualidades de la vida lo haría en la misma universidad que yo. El día pasó de lo más aburrido posible, nunca me había aburrido en las vacaciones, pero estas son distintas. Cuando llegó la noche mi madre aún no había llegado del trabajo, se mataba haciendo turnos extras en el restaurante donde trabajaba. Desde que tengo conocimiento solo somos mi madre y yo, mi padre la abandonó en cuanto supo que iba a traer a este ángel al mundo, será cabrón.  En vista que mi madre no llegaba, decidí llamar para que traigan una pizza a casa, vale casi todas las noches esa era mi cena y aunque estaba mal no me arrepiento, es exquisita. Lavé los trastes y deje un poco de comida para mi madre, que raro que no llegue, ya son las once menos cuarto. Subí a mi habitación y casi me caigo de culo al darme cuenta que mi celular estaba vibrando por una llamada, y no cualquier llamada, era de Gus, j***r la llamada que esperaba desde hace mucho tiempo, salí corriendo en dirección a mi cama y, no dude en responder. –¿Diga? – fue lo único que articule, me estaba muriendo de nervios y por eso mi voz se escuchó extraña –Hola, Ainara, te llamo para avisar que a tu madre… le pasó un accidente, estaba saliendo del restaurante, cuando un auto pasó, llevándose a tu madre a su paso- vale, eso sí que no me lo esperaba. Mi madre ¿un accidente? Dios mío. –¡¿Cómo?! ¡¿Está bien?! ¡¿Dónde está ella?! – pregunte muy nerviosa. –La llevaron al hospital central, aunque parezca de terror, creo que está bien- ¿cómo se puede decir que alguien está bien si un auto te pasa por encima? –Vale, gracias por avisar– será idiota, ¿o será que sí está bien y no está solo tratando de hacerme sentir bien? –De nada, cualquier cosa que necesites…solo llámame– vale, era una oferta tentadora, y no dude en aprovecharla. –Sí, quisiera algo. Es muy tarde y no tengo fuerzas para ir por mis propios medios a ver a mi madre. ¿Podrías venir, por favor? –eso era mentira, si podía ir sola, pero en momentos así lo necesitaba, aunque él a mí no. –Eh, sí, ahora voy, en veinte minutos estoy ahí– no esperó a que le diera las gracias y cortó, creo que me pase con ese favor. Tenía que escoger un conjunto rápido, ¿en serio Ainara? Tu madre está en un puto hospital y tú preocupada por lucir bien, j***r. Me puse unos vaqueros oscuros y una chaqueta blanca, lo más simple, nada más salir del baño escuché que pitaron. Me asomé por la ventana y, efectivamente era Gus. Bajé a la velocidad de la luz y no me percaté que había venido con compañía. –Hola– dije al detenerme frente a la puerta del copiloto. –Eh, hola Aina– dijo aclarándose la garganta–, eh…ella es Mack, Mack ella es Ainara. –¡Hola! Siento mucho lo de tu madre, de verdad– dijo con pesar. –Hola, eh sí– no dije nada más, solo subí al coche y esperé pacientemente a llegar al hospital, ¿será su novia? Tan rápido me cambió, ¿no se suponía que quería estar solo? ¡claro esa era una maldita mentira! Cuando llegamos a la puerta de emergencias mi cuerpo se puso en alerta, yo pensando si era su novia o no y mi madre ahí dentro sin saber cómo estaba. –Gracias por traerme, de verdad, en algún momento te lo pagaré– dije mientras me bajaba del coche. –No te preocupes, cualquier cosa…avísame, ¿vale? – asentí y con un gesto de mano los despedí. Entré en el hospital y una enfermera muy sonriente estaba en recepción, con pasos pequeños me fui acercando. –Buenas noches, ¿qué se le ofrece? – me dijo al verme. –Hola, eh, mi madre ha sufrido un accidente y quisiese saber…como está– dije con la boca pequeña. –¿Pariente de la persona? – preguntó. –Soy su hija– respondí. –Muy bien, corazón, ¿me puedes dictar el nombre? – asentí. –Sophia Harris– dije y ella se puso a revisar en la pantalla de su ordenador. –Bien, ingresó a las diez y cuarenta de la noche con fracturas en la muñeca y por lo que dice aquí– dijo acercándose un poco más a la pantalla–, está estable. Ahora le están enyesando, en unos minutos saldrá. – asentí. –¿Tiene algo más? – pregunté nerviosa. –Tiene algunas cuantas heridas por todo el cuerpo, pero son secundarias. Es increíble que solo se haya roto la muñeca, pero tranquila, cariño, tiene solución. Será mejor que te sientes y la esperes, tu mami estará bien. Asentí y caminé hasta sentarme en una de las tantas sillas que había en la sala de espera. Unos minutos después la vi aparecer, salí corriendo abrazarla, pudo morir allí, pero no, está viva, está conmigo. –¡No sabes el susto que me has dado! – le dije y ella sonrió débilmente. –Pero ya estoy bien, vamos a casa– dijo, pero el doctor habló –No olvides en tomar todo lo que te he recetado, Sophia– asentimos y juntas salimos del hospital. –¡Cuídense! – nos gritó la enfermera que me había atendido Nos encaminamos a nuestra casita. –¿Cómo es que pasó? – le pregunté, ella sonrió y pasó a contarme. –Estaba saliendo del restaurante, y no me fije en el coche que venía. Aunque este llegó una velocidad alucinante– dijo observando su brazo. –Deberías haber presentado una denuncia– le dije. –No quería tanto papeleo, hija. Estoy bien y eso es lo importante– fruncí el ceño. –¿Y quien te avisó? – preguntó ella. –Fue Gus, me llamó y fue él quien me llevó al hospital– le respondí. –Oh, lo entiendo. Él iba acompañado de una chica, ¿te afectó? – preguntó y yo negué con la cabeza. –No, como crees. Es su novia, ¿verdad? – pregunté y ella asintió. –Al parecer cumplían algo, porque Gus organizó muchas cosas para hoy– dijo y se quedó callada al notar mi semblante–, pero será mejor no hablar de él. No quiero que te sientas mal por eso. –No, no mamá. No tiene nada que ver, él puede hacer de su vida lo que quiera. –Ay cariño, ya lo superaras– dijo y me dio un beso en la mejilla.
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