Parte 3: Un plan macabro.

1683 Palabras
Prometo destruirte. Capítulo 10 (Parte3) Un plan macabro(Parte 3) Y allí estaba ella; sentada en la sala de espera mientras esperaba alguna noticia sobre su salvador. Los policías le habían tomado la primera declaración allí mismo y aunque le ofrecieron llevarla a la comisaría para hacer la denuncia y la declaración formal, ella dijo que hasta que no le dijeran que Alex esta vivo y se va a poner bien, no se movería de allí. De echo le había escrito a su madre para que no se preocupara y solo le dijo que había ido a cenar con sus compañeras de trabajo. Que quizás llegaba muy tarde. Mientras se comia las uñas, veía pasar a los enfermeros de un lado al otro y aunque se sobresaltaba al creer que a lo mejor alguna noticia le traía, ninguno de ellos lo tenían como paciente. Pero de pronto un doctor apareció y llamó a sus familiares. —¿Familiares de Alexander Balmaceda? —¡Yo!— Gritó desesperada poniéndose de pie y apresurándose para llegar donde él. —Bueno, le cuento como es su cuadro. Ingresó con varias heridas punzo cortantes en la zona del abdomen. Para su suerte, no hubo órganos afectados, ha sido superficial prácticamente y ahora solo estamos esperando a ver como pasa las primeras 24 horas. Esta bajo sedacion y antibióticos porque el elemento con que le produjeron la herida estaba contaminado y una bacteria ingresó en su torrente sanguíneo... —¿Pero se va a salvar? —Pregunta desesperada y acongojada. —Si. Quédese tranquila señorita que su novio va a salir adelante. —No, pero yo no...— iba a echar por tierra esa confusión, después pensó que a lo mejor si mantenía esa mentira podría entrar a verlo. Después de todo le salvo la vida, poniendo en riesgo la de él ¿Se va a ir sin verlo? ¿Sin agradecerle? Pro supuesto que no. —¿Puedo ver a mi novio? —Esbozó una sonrisa nerviosa y él doctor asintió. —Solo por unos minutos. Debe descansar. Ella asintió y con una triste sonrisa lo siguió hasta la habitación donde para su suerte y teniendo en cuenta de que se trata de un hospital público, estaba en un cuarto él solo. Ahí estaba. Recostado con sus ojos cerrados, el torso vendado y un tubo conectado a una máquina amurada. —¿Qué es eso? — indagó preocupada. —No te preocupes, no es para preocuparse. Se trata de una cánula de oxígeno. Le ayuda a mantener los niveles de oxigenación en sangre normales. Cuando despierte quizá lo podremos sacar. —Ah— mencionó y se sentó a su lado. —Uno minutos nada más.— Le recuerda y se marcha. Verlo allí le hizo recordar a su hermano. Había desaparecido por unos días y cuando lo encontraron estaba agonizando. Tenía un balazo en el tórax. Cuando llegó al hospital lo habían operado, pero al cabo de unas horas falleció. No podía dejar de sentir la misma congoja, y es que no había vuelto a pisar un hospital. Incluso para los problemas de salud de su mamá, trataba de que todo fuese online, mediante video llamada. Estar allí le costaba demasiado. Se sentó en una silla y tras pensar unos momentos si debía o no tomar su mano, lo hizo. Tan pronto sintió su piel tibia una sensación electrizante le recorrió el cuerpo y tuvo que soltarla. Se mantuvo en silencio sin dejar de mirarlo, hasta que de pronto habla. —Gracias. —Murmura todavía consternada por lo que acababa de vivir. —Si no hubiera llegado no sé que hubiera hecho. —Dice con la voz roja y se cubre la boca ahogando un quejido. —Nunca podré agradecerle que me haya salvado. Y le prometo que si sale de esta, aceptaré una cena, un almuerzo. Incluso una botella de agua, pero por favor, no se muera. No por mi culpa. Las lágrimas caen de sus ojos y sostiene su brazo para luego apoyar su frente en el, llorar y al final besarle. —No me puedo imaginar todo lo que tuviste que pasar con la perdida de su esposa y su hijo. Quizá ese es el motivo por el cuál se comporta en ese modo. No lo justifico, pero entiendo qjd hay que estar en tus zapatos para saber qué se siente. Yo moriría si un día me despierto y pierdo todo en un parpadeó. Ella quería seguir quedándose, pero él doctor regresó y le pidió retirarse, donde aprovechó para preguntar más sobre su cuadro. —Doctor ¿Enserió se va a recuperar? Es que lo vi así, vendado, con el aire... — y no puede seguir. Le duele verlo en ese estado por defenderla. —Quédese tranquila señorita. Su novio estará bien. Es necesario mantenerlo sedado para saber cómo responde a los remedios que le aplicamos. Pero estará bien. Me parece que necesita que la atendamos. — Pero niega. Ella tenía su rostro herido, las piernas con moretones, especialmente en la cara interna de sus muslos. De echo su habían llegado a tocarla, no más no le dio importancia porque si Alex se le moría en sus brazos, no se lo iba a perdonar nunca más. —Esta lastimada, señorita. Por favor, déjanos atenderla. No se preocupe por su movió, nosotros lo cuidaremos. Se sentía tan raro escucharlo, que incluso por un momento se puso a pensar en lo que pasaría si él supiera que la confunden con una novia suya. 《De seguro debe tener decenas de mujeres a sus pies. Ella es insignificante a su lado》 De momento a otro recuerda que tiene que avisarle a su hermano, por lo que le pregunta al doctor por sus pertenencias. —Claro. —Se inclina para abrir el cajón de la mesa de luz que corresponde a Alex como paciente, y saca una bolsa. —Tenga. Cuando estuvo afuera y tras seguir negándose a la atención, abrió la bolsa y buscó el celular. Para su suerte no tenia pin de bloqueo y fue entonces que buscando entre sus contacto, encontró el de Adrián. Lo llamó; enseguida respondió. "Hola Alex ¿Este milagro que me llames?" Preguntó despreocupado. -Adrián- tan pronto la escucha llorar y reconoce a Sofia estaciona su auto y le dedica toda su atención a la llamada. "¿Qué pasó? ¿Por qué lloras? ¿Por qué me hablas del teléfono de mi hermano?" Entonces, pasando por alto lo que ella misma tuvo que vivir con sus abusadores, le contó la situación de Alex. -Lo hirieron unos asaltantes. Estamos en el hospital Argerich. Tuvieron que operarlo.- y rompió en llantos. Adrián intentó calmarla. "Tranquila. Inmediatamente salgo hacia aya" -Estoy en guardia- "Enseguida llego." Y colgó la llamada. Acabo de 20 minutos lo veía ingresar corriendo y al verla solo pudo abrazarla y ella todavía seguir llorando. —¿Qué pasó? —indagó abrazándola, pero tan pronto la tomó de las mejillas e hizo que lo mire se dio cuenta de sus golpes. —¿Qué te pasó? — preguntó horrorizado al verle el labio partidos, rasguños en su cara. Se veía claramente su ropa rasgada y volvió a abrazarla. Ella solo pudo llorar y decir que Alex la salvo. —Ya está Sofi, ahora estoy yo. Ahora estoy yo. — La consuela. Cuando le explica lo sucedido con su hermano no le fue difícil reconocerlo. Alex siempre fue muy protector con las mujeres, por ende no era nada nuevo que reaccione de ese modo ante una situación como la de descubrir que están haciéndole daño a alguien y uno puede evitarlo. Eso mismo hizo él. Estaba orgulloso. Él medico le permitió verlo unos segundos y le comentó sobre el estado de salud de Sofi. Le pidieron que la convenza para que la atiendan y eso mismo estaba haciendo. —Yo no soy importante. —Menciona nerviosa, pero él le toma de la mano y veda el dorso. —Si lo sos. Por favor, deja que te atiendan. Por un segundo se perdieron en los ojos del otro sin decir nada. Cuando al fin hablaron, fue para decir, ella, que dejaría que la atiendan y el, que se quedaría con ella toda la noche. Aunque le insistieron en hacer la denuncia, ella se negó. No quería dejar solo a Alex en el hospital. Pero Adrián le hizo entender que no importa que se quede, no puede hacer nada. Que ya están atendiéndolo y que de todos modos esta bien. Que debe hacer la denuncia para que la policía haga su trabajo. —No me voy a separar de vos.— promete y besa de nuevo su mano. Y así fue que acepto prestar declaración y formalizar la denuncia. Cuando todo acabó, él le propuso llevarla a su casa, más ella no quería por estar mal herida. No quería que la viera su madre y se preocupe. En su lugar volvió a llamarla para decirle que se iba a quedar con una amiga, sin pensar que Adrián no permitiría que se quede en otro lugar donde no pueda estar cuidándola. —No puedo aceptar— él le había ofrecido que se quede en su casa. —¿Por qué? No voy a dejar que te vayas con cualquiera. Por favor. —No quiero traerte problemas con tu novia. —La dejé — suelta de golpe y él la toma de sus mejillas. —No sé qué es lo que me has echo, pero no puedo dejar de pensar en vos y luego de ese beso no pude contenerme a decirle a Valentina que estaba enamorado de otra mujer. —Adrian... yo— ¿Qué decir? a ella también le pasaban cosas pero ¿Cómo confiar? No pudo pensar más, porque está vez él fue quien la besó. —Déjame cuidarte esta noche.— entonces, sin poder decirle que no, lo vuelve a besar. "¿Eso es un si? — Indaga sonriendo. Ella asiente aún triste. —Vamos entonces. Esa noche será de ensueño, solo que al despertar, todo se volverá una pesadilla.
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