SAMUEL Bastián suspira. Me mira con una mezcla de lástima y decepción. —Si no llegas, no te esperaremos —dice, con una calma que duele más que cualquier grito—. Está bien que te jodas, pero no nos jodas a nosotros. Y sobre todo, no le eches mierda a Gael. Él es el que más comprensivo ha sido contigo desde que empezaste a encapricharte por ella. Sin esperar respuesta, sigue a Gael. La puerta vuelve a sonar. Ahora solo quedamos Lucas y yo en la sala. Él me observa en silencio por unos segundos. Luego suspira, hondo, como quien carga un peso que no le corresponde. —¿Sabes qué? —dice al fin—. Gael tiene razón. Todos tenemos mierda en la vida. Todos hemos sufrido. Pero hay una línea entre sufrir y autodestruirse, y tú la cruzaste hace rato. Camina hacia la puerta. Antes de abrirla, se de

