DAMIAN La noche había sido un éxito. Nos dirigimos a mi departamento después de la escena en la calle. Iba en silencio, con la mirada perdida, las manos aún temblando. —Cuando entienda que eres feliz a mi lado, se le pasará —dije, acariciando su mano mientras conducía—. Quizás sienta que traicionaste su amistad, amor. Dale un espacio. Lo entenderá. —No creo que sea tan simple —susurró ella, con la voz quebrada. —Ya es un hombre, amor —respondí, con ese tono paciente que siempre funciona—. Es comprensible que se sienta devastado. Soy su padre y tú eras su mejor amiga… es algo que no se puede asimilar fácilmente. Pero el tiempo lo cura todo. —Es que si hubieras visto su cara —insistió, y por un instante la rabia amenazó con colarse en mi pecho. Claro que vi su cara. La vi perfectame

