VALERIA Miro a Sofía y Lucas, que siguen divirtiéndose como niños. Miro a Samuel, que me mira con esos ojos que todo lo dicen. Siento el anillo de Damián en mi dedo, pesando, recordándome lo que acepté hace apenas unas horas. Y pienso: Tengo que decirle. Tengo que contarle lo de Damián. Pero no sé cómo. —¿En qué piensas? —pregunta Samuel, acercándose más. —En nada —miento. —Las mujeres nunca piensan en nada cuando ponen esa cara. Sonrío. Él también. La canción termina. Nos quedamos abrazados un segundo más, solo un segundo, antes de separarnos. Sofía y Lucas vuelven a la mesa, agitados, riendo. —¡Qué bien se baila aquí! —exclama Sofía—. Lucas, tienes que enseñarme esos pasos. —Cuando quieras, princesa —responde Lucas, y le guiña un ojo. Vuelvo a mi asiento. Samuel se sienta a m

